Así era el Pasaje Rex de Rancagua, su galería. Al fondo estaba el cine, un hermoso cine. En su entrada, en el ‘foyer’ había una cafetería de lujo, y recuerdo que en sus paredes se exhibían unas bellas fotografías de los grandes artistas de aquellos años. La galería daba a las calles Astorga e Independencia.
El cine tenía tres localidades muy amplias. Al ingresar a ellas se sentía un ambiente de arte muy acogedor. La construcción, el recinto creaba una atmósfera muy especial.
Los niños de entonces cada domingo asistíamos a la matinal, a las 10 horas. Se exhibía una película, y luego un capítulo de la serial, que siempre quedaba en suspenso para el domingo siguiente. En platea baja la entrada nos costaba 12 pesos. La sala, con 300 cómodas butacas se colmaba de bulliciosos y alegres pequeños. Entonces éramos niños felices.
Al cine Rex, el año 1961, un día domingo en la mañana, mi padre me llevó a un encuentro con el dirigente deportivo Carlos Ditborn; también estuvo el notable periodista Julio Martínez. El tema en esa ocasión fue el Campeonato Mundial de Fútbol que se haría en Chile, el año 1962. Ambos expositores dieron cuenta del significado de esa justa deportiva. Recuerdo bien las palabras de ambos oradores. El primero hizo mención a su memorable frase argumental «Porque no tenemos nada queremos hacerlo todo». La razón y ocasión de dicha expresión del dirigente Carlos Ditborn fue con motivo de la deliberación internacional que hubo en los años anteriores a 1962, cuando otros países plantearon que Chile no era capaz de hacer ese mundial, porque carecía de infraestructuras adecuadas, sin estadios, sin hoteles, sin nada.
Creo que el cine permaneció durante 70 años. Fue demolido hace 12 o 15 años (el 2005). Su construcción era muy sólida. En la ciudad hubo otras dos salas: El teatro San Martín, y el Apolo. Ninguna existe hoy.
En la sala San Martín hubo grandes actos políticos y culturales. Recuerdo, siendo niño y luego muy joven, haber asistido a reuniones y actos de masas en los que estuvieron el ex presidente Frei Montalva. Un domingo memorable, fue una jornada en la mañana (1959) con Pablo Neruda y Matilde Urrutia. El poeta leyó sus poemas, y Matilde cantó con su guitarra las Tonadas de Manuel Rodríguez. Terminado ese acto, Neruda se dirigió con una comitiva del Partido Comunista y otros personajes de la cultural local, hacia la calle Santa María, cerca de donde ahora está el Mercado. Allí había un muro de adobes con algunos versos del vate, él inauguró esa obra.
No olvido que en esa misma sala asistí a la representación de una obra de teatro ‘La casa de los siete balcones’, del autor español Alejandro Casona (1903 – 1965). Una de las notables actrices de esa actuación era Pury Durante, también formaba parte del elenco su esposo Américo Vargas, ambos crearon la Compañía Vargas-Durante, que existió en los años 1950 a 1975. De todo lo narrado han transcurrido varias décadas.
La verdades es que yo andaba en todas, iba a todas, siendo muy niño. Perdí la cuenta de la cantidad de conferencias sobre los más diversos temas a las que asistí siendo un escolar. Y de marchas y concentraciones políticas públicas también suman cientos las ocasiones. Fue esa una enseñanza, una inquietud, una herencia de mis padres.
Las construcciones materiales, los edificios, las casas son parte del patrimonio de una ciudad y de un país. Decir 200 años o 100 entre nosotros es mucha edad, es un valioso tiempo, es historia, es expresión y registro cultural. En ciudades de Europa decir 2000 o mil años es el equivalente etario nuestro.
El tema, el problema como sociedad es que no existe aún conciencia, ni actitud de respeto, ni el deber y la necesidad de preservación de ese patrimonio. Esa es otra deuda.
Carlos Poblete Ávila
Profesor de Estado





