El llamado de atención del fiscal nacional al Vaticano

Publicado el 9 enero, 2019 Por Equipo de Corresponsales

148 son las investigaciones que mantiene el Ministerio Público por abusos sexuales que involucran a personas ligadas a la Iglesia Católica. Indagatorias que suman además, 255 víctimas en delitos de este tipo. Además, en 2018 se realizaron nueve diligencias de entrada y registro en seis regiones del país y se han formalizado cuatro clérigos por […]

148 son las investigaciones que mantiene el Ministerio Público por abusos sexuales que involucran a personas ligadas a la Iglesia Católica. Indagatorias que suman además, 255 víctimas en delitos de este tipo.

Además, en 2018 se realizaron nueve diligencias de entrada y registro en seis regiones del país y se han formalizado cuatro clérigos por delitos de estupro, violación, abuso sexual y almacenamiento y distribución de material pornográfico infantil.

En medio de este escenario, el fiscal nacional, Jorge Abbott, hizo un llamado al Vaticano a cooperar en las investigaciones. En ese sentido, el persecutor recordó el compromiso de colaboración que se acordó hace unos meses con el enviado especial del Papa Francisco, Charles Scicluna, pero reconoció que “hemos tenido respuestas parciales, no las que hemos querido o tampoco con toda la información”.

Por ello, insistió en que espera que “la iglesia y sus autoridades cooperen en los términos que nos manifestó el señor Scicluna cuando estuvo en Chile”.

Una institución que ha sido golpeada fuertemente en su credibilidad y adhesión, debe dar señales claras de que se quieren dejar atrás los errores del pasado, como haber ocultado información, la no entrega de antecedentes a la justicia civil o el hecho de otorgar sanciones menores a sacerdotes que incurrieron en este tipo de actos. Por ello, resulta clave que hoy la iglesia de muestras claras de que cooperará con las investigaciones que permitirán determinar responsabilidades penales.

En este sentido, el Vaticano debe ir más allá del discurso y las palabras de buena crianza, de pedir perdón y reconocer las “graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación”; y la jerarquía de la iglesia católica debe dar luces claras de que cooperará con las indagatorias que realiza la justicia chilena. Así se podrán enviar dos señales potentes: por un lado, obliga a los religiosos chilenos a actuar de la misma forma cuando sean requeridos; y, segundo, no genera dudas de que están de parte de las víctimas de abusos.

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