La depravación del cosechador de miedos

Publicado el 7 diciembre, 2018 Por Columna de Opinión

¿Cómo gestionar las políticas del miedo económico y social y llevarlas a una candidatura? Por medio de la depravación, no cualquiera, sino que por medio de una versión científica de ella. Voy a probar que la definición “Inclinación antinatural en los instintos o el comportamiento” del término se aplica de lleno. Normalmente, los cosechadores de […]

¿Cómo gestionar las políticas del miedo económico y social y llevarlas a una candidatura? Por medio de la depravación, no cualquiera, sino que por medio de una versión científica de ella. Voy a probar que la definición “Inclinación antinatural en los instintos o el comportamiento” del término se aplica de lleno.

Normalmente, los cosechadores de la depravación se organizan en los miedos que tiene la gente; es sabido en las ciencias como la psicología que aquello que es temido es muy fácil tornarlo en aquello que se odia: la mayoría de la población en Chile no recibiría con abierta felicidad el tener un hijo homosexual, por lo que permanentemente se buscarán mecanismos para gestionar ese miedo, y volcarlo en un odio que llame al voto. Mucha gente en Chile cree que si los niños saben que hay homosexuales, los niños podrían volverse homosexuales. Es decir, es gente que fue capaz de creer en algo contra la naturaleza, pasando del miedo al odio.

Otro ejemplo de depravación es la gestión del miedo/odio a los pobres, desde Adam Smith se reconoce que la generación de una persona muy rica es en relación con cierta cantidad de gente necesariamente pobre u oprimida. Hoy se vende la ficción de gente pobre que tiene una gran vida por bonos, alimentándose la ira de los trabajadores (llamados falazmente “clase media”).

Esa gestión es emocional, las políticas de Estado permiten la subsistencia de sectores deprivados de la población; pero creer que la gente no debería sobrevivir, y ser “forzada a trabajar”, cuando el mercado laboral no genera esas plazas de trabajo es fabricar hambre y aumentar una serie de problemas que van desde la salud, formación laboral, consumo y delincuencia. Y ni hablar que empujaría salarios a la baja.

Quizás la solución pase por generar las instancias de tener mejores empleos, en vez de tener un sistema de trabajadores desechables en los hechos, y de empleo de baja calidad en su mayoría. Las especies sobreviven en un marco de colaboración, que incluye la competencia; es una depravación promover la competencia solamente.
Luego, el manido miedo/odio a los delincuentes, si bien no hay evidencia científica que avale que penas más duras disminuyan el delito, hay depravados que arguyen eso como solución. Incluso dicen “tienen más derechos los delincuentes que las víctimas” (es mentira), deseando la comisión de un crimen para resarcirse de la rabia del delito.
Esa gestión de odios es habitual para manejar a las personas como bestias, exacerbando lo emocional antes que verificar lo racional. Básicamente, la depravación es el desprecio por la gente, y en este caso, de su inteligencia.

Francisco Javier Larraín Sánchez
Docente e Investigador

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