Una parte importante del centro de la ciudad de Rancagua está construida sobre antiguos lugares de entierro. Así lo asegura el miembro del Instituto O’Higginiano, abogado e historiador por vocación, Patricio Díaz.
Dentro de las fuentes que le han permitido a Patricio Díaz obtener esta información están diversos libros de la historia de Rancagua y libros de defunción de antiguos archivos parroquiales. Por estos últimos, cuenta, ha logrado llegar a algunas de las tumbas más ocultas de la ciudad.
Algunos de los lugares de entierro más antiguos que ha podido descubrir son los restos ubicados en la Villa Las Coloradas y aquellos ubicados afuera del edificio de la Intendencia, que se descubrieron en remodelaciones de la Plaza de Los Héroes.
Quienes estudiaron los restos pudieron percatarse que se trataba de un entierro por la presencia de vasijas y vestimentas características de los entierros que datan del período aproximado de 300 AC a 900 DC. Según Díaz estos son vestigios de la presencia de la cultura inca en la región y el pueblo de indios que había anteriormente en el sector de Rancagua.
Algo más recientes son aquellos entierros realizados antes de la formación de la ciudad en la Colonia, en el sector donde actualmente se encuentra la Catedral. Previo a la construcción de esta iglesia había en su lugar una pequeña capilla, fundada alrededor de 1580. Hasta alrededor de 1740 se enterraba a personas alrededor de esta iglesia y las huellas de estos entierros también fueron descubiertas durante renovaciones realizadas a la Plaza de Los Héroes.
Luego de la Fundación de la ciudad de Rancagua, en 1743, las personas más adineradas empezaron a enterrar a sus deudos en las iglesias, como la que se encontraba en O’Carrol con Alcázar, y las iglesias San Francisco y La Merced, entre otras. Además había un sector que se llamaba “Panteón de Los Pobres”, ubicado cerca de la Alameda, aproximadamente entre las calles Astorga y Bueras, usado por las clases bajas.
Luego de la Batalla de Rancagua, en 1814, se enterró al Ejército Patriota en la intersección de la Alameda con Recreo, y al Ejército Realista en el sector del convento de San Francisco, que en esos tiempos abarcaba dos cuadras, entre Estado y Almarza e Ibieta con Millán.
Cuando se construyó el edificio del Instituto O’Higgins se encontraron restos humanos que, según Díaz, pertenecían a soldados y curas, no como se esperaba, a miembros del Ejército Realista. Según Díaz los documentos indican que los restos se enterraron en el convento de San Francisco, por lo que es probable que los entierros se hayan realizado más cerca de Almarza o Alcázar que de la calle Estado, y aún no hayan sido descubiertos.






