
Los chequeos médicos son cruciales para evitar complicaciones mayores.
Constantemente las mujeres son elogiadas por tener muchísimas responsabilidades pero hay algo que suelen posponer y no priorizar: sus controles ginecológicos. Es tal la importancia de estos solo por el hecho de que pueden evitar enfermedades oncológicas que actualmente están en alza, tales como el cáncer cérvico uterino, patología por la cual mueren 2 mujeres al día en Chile, ya que es la más frecuente entre los 35 y 54 años de edad. No obstante, se estima que en el futuro la frecuencia de este cáncer se reduzca significativamente en la población que se vacunó contra el virus papiloma, lo que no significa que excluya los controles de rutina con el PAP.
Así lo afirma el doctor Sergio Dolz, ginecólogo y obstetra de Megasalud, quien enfatiza que “las mujeres debiesen controlarse anualmente desde el momento previo al inicio de su actividad sexual o en caso de presentar síntomas específicos como dolor pélvico o sangrado uterino”. En ese sentido, precisa cuáles son los tres tipos de exámenes más importantes para prevenir patologías oncológicas:
Mamografía y ecografía mamaria
Es recomendable desde los 40 años en adelante, de forma anual o antes en caso de haber antecedentes de cáncer de mama en familiares de primer grado, es decir, madre o hermana. “Cuando la mamografía indica que hay densidad mamaria aumentada o asimétrica, con una menor capacidad de detectar lesiones, es necesario complementar el estudio con una ecografía mamaria, ya que ésta permite diferencias nódulos sólidos de quistes (lesiones con líquido)”, justifica, agregando que con estos exámenes se puede pesquisar cáncer de mama y lesiones benignas.
Papanicolau (PAP)
Actualmente, este test debiera hacerse anualmente o como mínimo cada tres años, entre los 25 y 65 años de edad. “Detecta patología cervical pre-maligna y cáncer cérvico-uterino, el que será confirmado con biopsia”, precisa.
El ginecólogo dice que en un futuro no lejano, el PAP podría reducir su preponderancia y modificar la forma de pesquisa, cuando se logre masificar y reducir costos del examen denominado tipificación viral, que detecta mediante la toma de muestra sobre el cuello, los tipos de virus más asociados a la aparición del cáncer de cuello uterino.
Ecografías, estudios hormonales y densitometrías óseas
Existen exámenes complementarios que resultan muy importantes, una vez que un especialista los considera pertinentes. “La ecografía transvaginal es uno de ellos y se realiza cuando hay síntomas sospechosos de patología uterina u ovárica, tales como dolor pélvico, sangrado uterino anormal y/o hallazgos en el tacto ginecológico”.
También están los estudios hormonales específicos, que permiten “descartar patologías crecientes, como síndrome metabólico y ovario poliquístico, asociadas a factores de riesgo como sobrepeso u obesidad”. Finalmente, “la densitometría ósea resulta clave para pacientes postmenopáusicas, incluyendo las menopausias tempranas o precoces, que presentan riesgo de osteoporosis”, concluye el médico.





