
Carlos Poblete Ávila, Profesor de Estado.
Tomo el título para este artículo sobre los ricos chilenos, del libro El Suplicio de los avaros, del eminente cirujano y pedagogo de la Universidad de Concepción, Justo Ulloa, escrito y publicado hace ya algunas décadas.
Cada cierto tiempo revistas y organismos especializados a nivel internacional publican el listado con los nombres de las personas de mayor fortuna en el mundo.
Los autorizados economistas Gonzalo Durán y Marcos Kremerman de la Fundación SOL, publican un acertado estudio sobre los multimillonarios chilenos, y los orígenes de sus cuantiosas fortunas.
Personalmente no cuestiono que haya personas con tan ingentes riquezas, sino la forma o los medios de cómo han logrado sus fortunas. La historia dice que ha sido por vía de medios ilícitos, fraudulentos. El despojo, el engaño y el abuso es la norma histórica en cantidad de casos.
Es incuestionable que el poder económico vive unido al poder político, y de ese espurio maridaje se genera todo el edificio jurídico, moral y cultural de una sociedad. Esta es la ley del capitalismo.
La avaricia humana es un componente vital en la generación de las ilícitas riquezas que se publican en Chile y en el mundo.
Este año 2012 en el ranking Forbes han aparecido las tres familias chilenas de mayor poder económico, a saber, Luksic, Matte y Paulmann (habría que agregar dos más: Piñera y Angelini). El listado mundial alcanza a 100 grupos económicos.
No es tan difícil en Chile explicar tamaño deshonor. Las fortunas no se logran de un día para otro y deben darse ciertas condiciones histórico-sociales y políticas para que se generen. Tan sólo para hablar de los últimos 40 años. Golpe de Estado e instalación de una dictadura militar durante 17 años. Luego una cadena de gobiernos genuflexos ante el poder económico y político de los grandes grupos financieros internacionales que han entrado a saco en las riquezas naturales del país, y en otros rubros. Pérdida total de soberanía de la nación chilena por razón de ser el país más privatizado del mundo, y a la vez el más desigual.
Regresando al rótulo del artículo y transcurridas las décadas señaladas desde la aparición del mencionado libro de ensayos de Justo Ulloa (Editora Austral, 1961), hay que colegir que el mayor suplicio de los “afortunados” es la gradual toma de conciencia de grandes masas ciudadanas que inician el camino de la legítima protesta social y que exigen cambios sustantivos en el sistema económico y político imperante. Otros exigimos cambio del sistema, que no es lo mismo.
Carlos Poblete Avila
Profesor de Estado





