De la exaltación del lumpen

Publicado el 30 octubre, 2013 Por Columna de Opinión

Parte del camino del ascenso hitleriano pasó por la recurrencia a aquellos que despreciaba, exaltando la irracionalidad y rabia, ninguneando e insultando la impasibilidad de los caballeros o la capacidad intelectual. El lumpenproletariado (aquellos desfavorecidos que no tienen conciencia de clases entre la milicia y policía bohemia, narcocafiches, delincuentes, mendigos, rateros, lanzas, etcétera) sumado a […]

Parte del camino del ascenso hitleriano pasó por la recurrencia a aquellos que despreciaba, exaltando la irracionalidad y rabia, ninguneando e insultando la impasibilidad de los caballeros o la capacidad intelectual. El lumpenproletariado (aquellos desfavorecidos que no tienen conciencia de clases entre la milicia y policía bohemia, narcocafiches, delincuentes, mendigos, rateros, lanzas, etcétera) sumado a la lumpenburguesía (capas medias y comerciantes, abogados, industriales, etcétera que no han dejado de ser dependientes-colonizables) han definido el país que hoy vivimos.

Un país que vive desde la lógica de las barras bravas en sus capas populares aquello que sus supuestamente mejor formadas capas dirigentes, con lógica similar, emplean. En ese contexto se entiende la disputa Matthei-Parisi. La lógica lumpénica que no razona y se burla de los “débiles” se instala, como olvidar a Luciano Rendón, cuyo victimario es amparado por gente de la Alianza y la Concertación en Peñalolén. Miremos a nuestro alrededor la propaganda mal instalada respecto de la ley en postes y de la buena fe (Calle Freire hoy casi es una ruleta rusa para peatones y conductores), o fuera de plazo: eso es lumpen.

Se enseña a ser lumpen desde arriba con derivados financieros, renegociación unilateral, redistribuciones de cargas impositivas por presiones corporativas, por ejemplo. Los medios alienantes y delincuentes enseñan en otros estratos. Ese discursito “ganador” que enseña que se debe salir a ganar perjudicando antes que salir perjudicado. Algo así como Charles Aránguiz diciendo que Fernando Meneses estaba fingiendo en el clásico porque él haría lo mismo, así se puede resumir.

¿Quién más lumpen que Johnny Herrera golpeando la camilla de Fernando Meneses y con declaraciones de matón de barrio? No olvidar que tienen seguidores, personas que se burlan de la “debilidad” (han ocupado otros epítetos) de Meneses. Se regocijan con la agresión cobarde, como los asesinos de Zamudio o los atacantes de Wladimir Sepúlveda y sus encubridores. Sólo el lumpen puede glorificarse de golpear homosexuales o inmigrantes.

Para el lumpen tener principios es debilidad, cosa que debe ser ridiculizada. Lumpen es aquel que culpa a Allende de haber sido objeto de derrocamiento por la mayor potencia mundial, inventando historias para matar de angustia a las viudas. Lumpen son los que dicen que se salvó a la patria asesinando gente amarrada y rendida, o violando con ratones a detenidas. Lo niegan, pero oír al “guatón Romo” detallando su accionar no se olvida.

Llegamos a una televisión y mucha radio contrarias a la colaboración con la escuela y el hogar para educar, se endiosa al disruptor del aula o la falta de control en casa. Tenemos docentes que trabajan en contextos populares siendo objeto de burla por trabajar donde no habrá buenos puntajes. Incluso hay una candidata que llama a votar por ella porque “es buena pa’lachuchá”. Se divide a la población en identidades chatarra, no sólo el fútbol o la mala política, encontraremos música vacía y mucho más.

Hoy el lumpen joven se queja de tener dar el asiento en el microbús, ya comenzarán a golpear y la gente se preguntará por qué. Tendremos decenas de matinales y noticiarios preguntando y encontrando mil escándalos, preguntando por qué. Simplemente, porque las capas dirigentes han exaltado el propio fin de la civilización occidental, algunos se lucran de ello, otros se rinden. Yo escribo, porque en ello creo.

Francisco Javier Larraín S.

 

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