Una sesión de colores, disfraces y creatividad llevó al Colegio Inglés Saint John de Rancagua en un gran viaje literario para conmemorar el Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor.
“Hemos convocado a toda nuestra comunidad educativa en un viaje donde el pasaporte es la lectura y la imaginación. Ese es el sello de nuestro colegio”, explicó Pamela García, profesora de lenguaje y coordinadora del Departamento de Lenguaje del establecimiento. “Fomentar una sana convivencia a través de la lectura, dejar que los libros no estén solamente empolvados, sino que cobren vida a través de la imaginación”, añadió.

Estación Grecia-Roma.

Prorrectora Tania Lemarie y escritores locales.
Este año, el colegio montó 16 estaciones literarias, cada una inspirada en un “país literario” distinto, representado por cursos desde quinto básico a cuarto medio. “Son 16 países literarios donde ellos investigaron el contexto, la cultura, las ideas, los escritores”, detalló García, mientras los estudiantes recorrían las dependencias caracterizados según cada autor, época, cultura o territorio imaginado.
La preparación no fue menor: “estamos desde comienzo del mes de abril, haciendo la preparación con cada uno de los cursos”, comentó la docente, subrayando que la actividad incluyó también una feria de intercambio de libros, reforzando la circulación de lecturas en la comunidad educativa.
En los niveles más pequeños, la jornada tuvo un énfasis especial en el cuento y las emociones. Carolina Tamayo, coordinadora académica de Prebásica y Primer Ciclo Básico, explicó que en el colegio leer “es parte del disfrute y el goce de la familia”, y que trabajan a diario con el “regalo al lector”, donde cada día se utiliza una técnica distinta de cuentacuentos.
Este año contaron con la narradora Trinidad Castro, quien presentó un cuento de la editorial Zigzag centrado en diversidad, empatía e inclusión. Uno de los relatos protagonistas fue “Miguel tiene un secreto”, sobre “un pequeño pingüinito que se avergüenza de sus grandes pies y se aísla, pero finalmente descubre que esa diferencia lo hace único y muy valioso dentro de su colonia”.
Tamayo remarcó el sentido pedagógico de esta apuesta: “un niño que lee es capaz de adquirir cualquier conocimiento de manera autónoma y eso también te hace libre”. Por eso, el colegio culmina primero básico con una ceremonia donde “los niños leen a sus padres y demuestran sus habilidades lectoras”.
Desde la conducción general de la jornada, la prorectora y destacada poetisa rancagüina Tania Lemarie, atribuye el éxito a un trabajo sostenido: “esto tiene que ver con un trabajo sistemático que se realiza en el colegio desde las asignaturas de lenguaje y los electivos de literatura, así como también del trabajo mancomunado y colaborativo de todos los profesores”, señaló la directiva. La lectura, insistió, se promueve “no como algo obligado, sino como el gusto por la lectura”, porque permite ampliar el vocabulario y convertir los textos en “vivencia imaginada, pero también sentida”.
Entre las representaciones, destacaron la distopía de Fahrenheit 451 de Ray Bradbury y la riqueza del pueblo ficticio más famoso de la literatura universal, Macondo, de Gabriel García Márquez, junto a estaciones inspiradas en Buenos Aires, Francia, Japón o Nueva York, entre muchas otras.
La jornada se completó con la presencia de la casa editorial Zigzag y otras librerías de Rancagua, además de autores independientes y la agrupación artística “Habilitarte”, consolidando una fiesta del libro donde el colegio reafirmó la apuesta de que la lectura es, ante todo, una experiencia compartida entre escuela y familia.


Estación Fahrenheit.

Pequeños vendedores de libros; Ana Moraga y Felipe Castillo.






