Don Eduardo Frei Montalva

Publicado el 24 enero, 2020 Por Columna de Opinión

Nadie imaginó que aquel niño nacido en Santiago, hijo de un inmigrante y de una chilena de clase media, criado en los campos de Lontué hasta los 10 años, luego de asistir a una escuela pública rural y compartir con niños campesinos, se iba a convertir en el futuro en uno de los más admirados […]

Nadie imaginó que aquel niño nacido en Santiago, hijo de un inmigrante y de una chilena de clase media, criado en los campos de Lontué hasta los 10 años, luego de asistir a una escuela pública rural y compartir con niños campesinos, se iba a convertir en el futuro en uno de los más admirados presidentes de Chile. Su reconocimiento como estadista no solo lo gozó en Chile, sino que también fue reconocido como tal en América Latina y Europa. Mal imaginaron sus asesinos y cómplices pasivos que dándole muerte iban a acallar su pensamiento o iban a destruir su obra. Al contrario, su pensamiento demócrata cristiano y sus obras como presidente se agigantaron. Tanto así que a pesar de haber pasado 38 años de su fallecimiento, el pueblo democratacristiano y muchos chilenos hacen un alto en su quehacer diario para asistir a ceremonias y liturgias en su recuerdo.

El gobierno de don Eduardo Frei no estuvo al margen de conflictos. Tal como él lo señalaba en una entrevista posterior a su mandato, “la extrema derecha señalaba que las reformas estructurales que estábamos haciendo eran una locura y a la extrema izquierda le parecían muy poco”. A pesar de la implacable oposición en el parlamento de congresistas de derecha e izquierda, se logra aprobar leyes que aún están vigentes constitucionalmente y en la memoria de la gente: Reforma Agraria, sindicalización campesina, promoción popular: centros de madres, centros juveniles, juntas de vecinos. Chilenización del Cobre, Reforma Educacional, Reforma Universitaria, Construcción de viviendas para las clases vulnerables, Inicio del Metro de Santiago, Nacionalización de la Compañía de Electricidad; Plan 280, que permitió trasladar miles de trabajadores y sus familias desde Sewell a Rancagua, con el fin de otorgarles una vida más cómoda y segura. También este plan tenía como objetivo aumentar la producción de cobre. Don Eduardo hizo cierta su Revolución en Libertad.

Don Eduardo Frei Montalva se merece estar en la memoria colectiva, Fue un hombre consecuente, defendió la democracia cada vez que esta estuvo amenazada o lucho para recuperarla, y no cabe dudas que hoy estaría al frente de la campaña por el Sí a una nueva Constitución, como lo estuvo por el No a la consulta hecha por Pinochet en 1978 y también por el No en el plebiscito de 1980 que pretendía perpetuar el gobierno militar en el poder. La figura, obra y pensamiento de don Eduardo Frei M. no solo debe enorgullecer a los democratascristianos de ayer y hoy, sino que debe ser un farol que vuelva a alumbrar el camino político de su militancia. Su amor por Chile, la lealtad, la fraternidad, el trabajo por mejorar las condiciones vida de los más vulnerables y la clase media es parte de la noble tarea que legó don Eduardo.

José Álvarez Lara.   

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