José María Caro: Un cardenal que nació en Pichilemu para ser patrimonio del pueblo chileno

Publicado el 8 noviembre, 2019 Por Equipo de Corresponsales

El religioso tuvo un incansable compromiso y labor como miembro de la Iglesia Católica, aspectos que lo llevaron a convertirse en el primer cardenal en la historia del país.

Un hombre de Dios excepcional, el cual desde muy joven mostró sus cualidades, muy querido y cercano a todos sus feligreses a lo largo de toda su vida fue José María Caro, un importante representante de la iglesia chilena que se convirtió en el primer cardenal en la historia de nuestro país en el año 1946 por decisión del papa Pío XII.

Nacido en Pichilemu el año 1866, el futuro sacerdote tuvo sus primeros acercamientos religiosos siendo muy niño, luego de mostrar condiciones ayudando en las misas impartidas por un cura de Santiago que verano a verano visitaba el fundo en el que trabajaba el padre del futuro arzobispo. Por recomendación suya, Caro fue enviado a estudiar y a preparar su extenso camino junto a Dios en la capital, donde ingresó al Seminario de Santiago para estudiar Teología y Griego.

Debido a su excelente desempeño, fue enviado a continuar sus estudios superiores a Roma, Italia, lugar en el que se graduó como Doctor en Teología en la Universidad Gregoriana. Tras obtener el título, regresó a Chile en el convulso año 1891, en medio de una cruenta guerra civil que culminó con el suicidio del entonces presidente José Manuel Balmaceda.

En 1910, el entonces padre José María Caro fue enviado al norte del país, específicamente hacia la localidad de Mamiña, donde tras destacarse en sus labores fue designado al año siguiente como vicario apostólico de la provincia de Tarapacá, además de obispo de Iquique.

Gracias a su cercanía con la gente, el religioso fue poco a poco sumando adeptos debido a que sus labores eran muy cercanas al pueblo y a sus necesidades reales. Fue en esta línea que comenzó a crear cooperativas de ayuda, a dar alimento a los más necesitados y a abrir albergues. Posteriormente, en el año 1925 fue nuevamente trasladado y designado obispo en la ciudad de La Serena por el papa Pío XI, lugar en el que comenzó a publicar una serie de títulos de carácter doctrinario en los que evidenció su mirada y percepciones personales.

Su ascendente camino religioso nuevamente lo llevó hasta Santiago, hacia donde se dirigió para tomar el liderazgo de la Arquidiócesis de Chile luego de ser designado como el octavo arzobispo de la capital. Siendo uno de los principales pastores del país, José María Caro nuevamente supo ganarse el cariño de sus feligreses al ser un férreo defensor de los derechos de los trabajadores, además de mantener importantes relaciones con los gobiernos radicales de época como el principal representante de la Iglesia Católica en Santiago.

Por aquellos años, el entonces arzobispo fue el principal impulsor y artífice de la construcción del gran Templo Votivo de Maipú en homenaje a la Virgen del Carmen, para lo cual fueron necesarios los esfuerzos de los gobiernos de Chile y Argentina, además de la propia iglesia.

En medio de la conmoción de sus seguidores, durante el mes de mayo del año 1946 José María Caro fue ordenado cardenal, título entregado por el papa Pío XII que lo convirtió en el primer príncipe de la iglesia chilena, un reconocimiento que fue seguido por su posterior título de Primado de Chile, otorgado por la Santa Sede tras sus 60 años como sacerdote.

Durante sus últimos años de vida, su notable manejo en el cargo le permitió participar en el cónclave que eligió al papa Juan XXIII en octubre del año 1958. Al poco tiempo y debido a una serie de agravantes que arrastraba en su ya frágil salud, José María Caro falleció el 4 de diciembre del mismo año, poniendo fin a una agitada existencia tras lo cual las campanas de las iglesias tañeron ante la noticia, decretándose además duelo nacional.

 

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