Una palanca para el desarrollo de la pesca artesanal

Publicado el 20 agosto, 2019 Por Columna de Opinión

Los pescadores de Chile tienen hoy a la mano una herramienta para encaminarse con paso firme al desarrollo: la Ley de Caletas. La norma fue promulgada en 2017, pero faltaba un reglamento para que sus disposiciones pudieran aplicarse en plenitud, lo que ya ocurrió. Esta ley era un antiguo anhelo de los pescadores, cuya labor […]

Los pescadores de Chile tienen hoy a la mano una herramienta para encaminarse con paso firme al desarrollo: la Ley de Caletas.
La norma fue promulgada en 2017, pero faltaba un reglamento para que sus disposiciones pudieran aplicarse en plenitud, lo que ya ocurrió.
Esta ley era un antiguo anhelo de los pescadores, cuya labor cotidiana está íntimamente ligada a las 461 caletas existentes en el país.
Nadie sabe con exactitud cuándo ni dónde surgió la primera. Pero las raíces de algunas -como sitios de pesca o recolección- pueden rastrearse incluso antes de la Colonia, cuando ya nuestros pueblos originarios buscaban el sustento en el mar.
Como sea, las caletas terminaron convirtiéndose, con su colorido y forma de vida, en elementos distintivos del borde costero y de la cultura nacional. Así como en protagonistas del sector pesquero, y proveedoras de alimentos sanos y frescos para la población.
Sin perder su identidad, estos asentamientos podrán transformarse ahora en polos de desarrollo, a partir de esta ley. Por eso, uno de nuestros desafíos es dar a conocer su alcance, y animar al sector artesanal para que aproveche todo el potencial de esta norma.
Una novedad radica en que las organizaciones de pescadores podrán pedir sus caletas, bajo destinación, por hasta 30 años, a diferencia del modelo previo que considera concesiones por 10 años.
Por otro lado, la diversificación productiva y la agregación de valor -promovidas por esta norma- implican que el sector artesanal podrá incursionar en actividades distintas de la pesca tradicional. Turismo, gastronomía, venta de artesanía, administración de estacionamientos e, incluso, distribución de combustibles, se cuentan entre ellas.
Pero hay más. Quienes se acojan a la destinación, dejarán de pagar la actual patente asociada a la concesión. Así, una caleta de 20 mil metros cuadrados que hoy paga anualmente $4.200.000, rebajará ese costo a cero, si cumple con exigencias de administración.
Otra novedad de la ley es que cuenta con herramientas enfocadas en el fomento de la acuicultura de pequeña escala. Ámbito en el que hay grandes oportunidades para los pescadores, y que, por su naturaleza, se adecua al principio de la sustentabilidad.
La Ley de Caletas se perfila, entonces, como una palanca de progreso para el sector artesanal. Y un instrumento que contribuirá a la modernización de esos enclaves, sin alterar los rasgos que con el paso del tiempo los transformaron en elementos constitutivos del alma de Chile.

Román Zelaya R.
Subsecretario de Pesca y Acuicultura

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