Columna: A propósito de la edificación en altura

Publicado el 7 febrero, 2019 Por Equipo de Corresponsales

Santiago es una ciudad donde conviven más de 7.000.000 millones de habitantes que muchas veces superponen sus intereses particulares por sobre el bien común y donde la planificación urbana en general es un bien escaso que solo pareciera existir en los barrios y comunas de mayores ingresos o en proyectos específicos. Por un lado, existe […]

Santiago es una ciudad donde conviven más de 7.000.000 millones de habitantes que muchas veces superponen sus intereses particulares por sobre el bien común y donde la planificación urbana en general es un bien escaso que solo pareciera existir en los barrios y comunas de mayores ingresos o en proyectos específicos.

Por un lado, existe un consenso general en los problemas asociados a la extensión del límite urbano y la consecuente construcción de viviendas sociales o económicas en la periferia de la ciudad. Los extensos traslados, la falta de servicios y equipamientos hacen que estos habitantes tengan una deficiente calidad de vida. Eso motiva a incentivar la densificación en altura del centro y pericentro de Santiago y con ese objetivo se establecieron zonas de renovación urbana que ofrecían subsidios y normas que hacen más atractivo el negocio inmobiliario.  Hoy, la llegada de migrantes y el cambio de mentalidad de la ciudadanía que prioriza los menores tiempos de traslado y la mayor oferta de servicios y equipamiento por sobre la dimensión de su vivienda ha hecho que aumente considerablemente la demanda por proyectos de edificación en altura.

Sin embargo, la falta de planificación urbana o una visión compartida de la ciudad hacen que esta densificación no se realice con criterios de sustentabilidad, habitabilidad o calidad de vida. El mercado inmobiliario maximiza el uso del suelo diseñando edificios de 42 pisos y un aproximado de 1000 departamentos donde algunos de ellos miden tan solo 17 m2.  

Pero esto no sucede en todas las comunas de Santiago, Providencia, Las Condes, La Reina o Vitacura, entre otras, que tienen planes reguladores, fiscalización y una imagen de ciudad donde los proyectos que se ejecutan priorizan la calidad de vida de sus vecinos.

El permitir que solo el mercado gestione el diseño de nuestras ciudades ha provocado como consecuencia un territorio desigual con sectores de la capital donde la infraestructura vial se construye mediante túneles subterráneos o parques que compensan el terreno utilizado mientras en otros las infraestructuras de transporte dividen los territorios, destruyen el paisaje y generan graves problemas de accesibilidad peatonal.  

El mismo problema se observa con la accesibilidad a servicios, parques y ciclovías que se construyen dependiendo de los recursos de la comuna o de la capacidad económica de sus habitantes dejando a la población más vulnerable sin acceso a la mayoría de ellos.

Si bien es cierto en países como el nuestro las inversiones de este tipo de proyectos son en su mayoría privadas y es este, el que finalmente diseña la ciudad. Es el estado el que debe velar por que su desarrollo sea armónico y permita que la ciudad entregue una mejor calidad de vida a todos sus habitantes. En Chile, debemos reconocer que esto aún es un tema pendiente que urge regular con una mirada global.

Suzanne Segeur Villanueva

Departamento PYOT

Universidad Tecnológica Metropolitana

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