Un testimonio del 11 de septiembre

Publicado el 11 septiembre, 2018 Por Columna de Opinión

El martes 11 de septiembre de 1973, hace 45 años, yo era inspector de Servicios de la Contraloría General de la República, vivía en Concepción, no había cumplido los 30 años, estaba casado con mi Elianita y esperábamos a Paulina, nuestra primera hija, que nació en esa bella ciudad. Los tiempos corrían oscuros, llenos de […]

El martes 11 de septiembre de 1973, hace 45 años, yo era inspector de Servicios de la Contraloría General de la República, vivía en Concepción, no había cumplido los 30 años, estaba casado con mi Elianita y esperábamos a Paulina, nuestra primera hija, que nació en esa bella ciudad.

Los tiempos corrían oscuros, llenos de incertidumbre. Mirado desde el balcón de la Contraloría, ajeno enteramente al devenir político, que nos estaba prohibido, el panorama era desolador. El desorden administrativo, la indisciplina radicada en los servicios, la proliferación de personajes ajenos al Estado que mandaban, el lenguaje agresivo y provocativo de todos los sectores de la ciudadanía, auguraba un final triste, pero a nadie parecía importarle lo que se hacía y decía. La prensa reflejaba como un espejo de papel la grosería ambiente, la insolencia, la amenaza, el lenguaje de violencia. La palabra que definía a Chile en esos años era caos.

Como un ciudadano de a pie más, entre millones, nos embargaba la alarma, la inquietud del futuro del país y, a través del mismo, el futuro de nuestra familia. ¿Qué irá a ser de mi hija, en el vientre de su madre, cuando nazca en este mundo que parece ir a un desenfreno de violencia?

Recuerdo haber escuchado en la Plaza de Concepción el discurso de Garretón, llamando a los marineros y suboficiales de la Base de Talcahuano de la Armada a desobedecer a sus oficiales, a sublevarse. Lo escuché yo, nadie me lo contó. Hoy es un potentado, pero no me parece haber escuchado su arrepentimiento público.

El Presidente de la República llamó a las Fuerzas Armadas a participar de su gobierno, Carlos Prats González, a la sazón Comandante en Jefe del Ejército,  fue su Ministro del Interior, es decir, el propio gobernante sacó a los militares de sus cuarteles, contaminándolos con la enrarecida contienda política.

Desde Concepción, cuna del MIR, el panorama parecía más duro que en el resto del país. Viajar a Chillán a cumplir con nuestras tareas fiscalizadoras era complicado, caminos con miguelitos que pinchaban los neumáticos, bombas bencineras sin nada que expender. Debimos pedir en una ocasión al intendente de la provincia que nos proporcionara combustible para regresar a Concepción, algo hoy día inimaginable.

A simple vista, la salida del país era la intervención militar, o arriesgarnos a una guerra civil, cuyo pronóstico era muy difícil de prever. Esto no lo digo yo, lo dijo Eduardo Frei Montalva en su carta al Primer Ministro de Italia, explicando el pronunciamiento.

Creo que los militares no hicieron otra cosa que cumplir con un pedido que la mayoría nacional le hizo. El 11 de septiembre no fue un cuartelazo, no fue provocado por un grupo de uniformados ambiciosos por tomarse el poder. El pueblo en su mayoría lo pidió. Que muchos ahora lo nieguen, simplemente muestra cobardía moral, o lo acomodaticio de quienes azuzaron a los uniformados, luego los despreciaron, y ahora les niegan hasta el saludo. Políticos que hoy son grandes personajes gracias al Gobierno Militar, ahora están “arrepentidos”. Sin comentarios, para no ofender.

Como abogado, por supuesto lamento el quiebre del régimen constitucional producido ese día, pero no quedaba alternativa mejor. Lo que recuerdo vivamente es que ese martes 11 de septiembre, al conocer el pronunciamiento por la radio, sentí, como millones, un gran alivio, una gran sensación de tranquilidad, y por eso no puedo callar mi voz en este día y expresar este testimonio personal, que explica mi invariable posición en la materia.

Mario Barrientos Ossa.

Abogado.

Magíster en Derecho U. de Ch.

 

Noticias Relacionadas

Columnas 15 noviembre, 2018

El potencial del ciclismo urbano

Columnas 14 noviembre, 2018

Psicología de la Educación Matemática