Desarrollo regional

Publicado el 11 septiembre, 2018 Por Columna de Opinión

Durante los últimos días hemos podido observar a través de distintos medios de comunicación el nacimiento de la nueva región, Ñuble.  Y con esto ya son 3 nuevas que se han creado desde la división original realizada en los años 80. ¿Será el crear nuevas divisiones administrativas la solución al excesivo centralismo y al dispar […]

Durante los últimos días hemos podido observar a través de distintos medios de comunicación el nacimiento de la nueva región, Ñuble.  Y con esto ya son 3 nuevas que se han creado desde la división original realizada en los años 80.

¿Será el crear nuevas divisiones administrativas la solución al excesivo centralismo y al dispar desarrollo que hoy aqueja a nuestras regiones?  Mi impresión es que la respuesta es mixta.  Por un lado, la nueva región gozará de una mayor cercanía de autoridades y de una mayor autonomía en la ejecución de un presupuesto exclusivo para su territorio, ya no dependerá de lo que las Autoridades en Concepción decidan, compitiendo por presupuesto con el resto de las provincias de Bio Bio.  Sin duda esto es positivo para la región y el territorio en particular, se gana en independencia y autodeterminación.  Por otro lado, si observamos el fenómeno desde un punto de vista de país, esto sin duda tiene repercusiones muy negativas, que son el incremento en el gasto administrativo, lo que disminuye la eficiencia del gasto público aún más.  La creación de una nueva región también introduce el riesgo de crear un nuevo silo estanco que se aísle de una planificación territorial integral y holística.

Los incentivos de la decisión son más malos aun, generan el genuino interés en las zonas más rezagadas, de independizarse de su región y generar una nueva, como por ejemplo la quinta región cordillera.  Esto llevado a un extremo, podría significar una fragmentación tal, que los recursos se gasten más en pagar decenas de gobiernos regionales y no en utilizar esos recursos para la inversión.

Si sumamos todo esto a las prontas elecciones de Gobernadores Regionales, la tormenta podría ser perfecta.  Nuestro sistema político, con sus infinitas reelecciones de autoridades, caudillismo y clientelismo extremo, termina empíricamente (según mis posiblemente sesgadas observaciones) anquilosando y eternizando a distintos personajes en el poder.  Estos personajes tienen distintos resultados en la gestión territorial.  Según mi experiencia separables en tres tercios.  El primero de buenos resultados que generan progreso en sus comunidades; El segundo de resultados regulares o mediocres que no afectan ni benefician a su territorio mayormente; Y un tercero que simplemente es nefasto, generalmente mezclado con graves faltas a la probidad que deja sus territorios sumamente desmejorados.

Todo esto, podría significar que un tercio del territorio, aún más fragmentado y aislado de lo que ya está, termine siendo pesimamente administrado, en manos de un pequeño tirano, reelegido ad eternum, a punta de regalos, por los más ignorantes de los nuestros.

Lo que todo esto podría generar (que ya se observa actualmente a nivel comunal), es un aumento en las brechas de desarrollo con las regiones mejor administradas y un incremento en el malestar social de los habitantes de las zonas más rezagadas.

 

Patricio Rey Sommer

Ex intendente Región de O’Higgins.

 

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