Y finalmente, estalló el hastío femenino

Publicado el 11 mayo, 2018 Por Columna de Opinión

Hace semanas describí una escena de acoso callejero a una niña a plena luz del día en un sector residencial. En este sector los trabajadores, al almorzar en la plaza les dicen, gesticulan y buscan la manera de agredir en su dignidad a la vecina que tenga el infortunio de cruzárselos. Y no, no ocurre […]

Hace semanas describí una escena de acoso callejero a una niña a plena luz del día en un sector residencial. En este sector los trabajadores, al almorzar en la plaza les dicen, gesticulan y buscan la manera de agredir en su dignidad a la vecina que tenga el infortunio de cruzárselos. Y no, no ocurre solamente en una situación de bajos ingresos, es transversal.

He trabajado con profesionales de todo tipo, aparentemente sin carencias de tipo alguno. Valorados por la comunidad como personas exitosas y de bien… pero son profundamente necesitados en humanidad, y más aún, tienen discapacidad social en el trato considerado a las mujeres.

¿Qué le importa a un jefe que contrata por horas si alguien es soltera o las razones de su quiebre amoroso si se encuentra una vez por semana? ¿Qué clase de ayuda psiquiátrica grita necesitar quien insinúa calificaciones laborales o académicas a cambio de favores íntimos? ¿Por qué alguien podría sentirse hombre expresando deseo en la calle, cuando justamente dejó de ser hombre al pensar que eso era un camino legítimo?

En los planteles universitarios ha comenzado tímida, pero decididamente una movilización que busca el cese del machismo, y no es una puerilidad que llama “patriarcado” a todo lo que eche sombra. Las discusiones sobre el tipo de sociedad siempre comienzan en las universidades, y desde ahí es donde legítimamente se ha depositado la reflexión de la sociedad; y nuestra sociedad tiene muchas explicaciones que dar.

No, no es sólo el acoso, es que el gran empresariado paga menos a sus mujeres, volviéndose más parásitos aún que de sus varones; obviamente, lo que no pagan a las mujeres no va a la economía del trabajo, a la inversión ni genera riqueza.

Chile, que sólo tiene una oportunidad con los migrantes de seguir siendo una plaza atrayente de inversión, es incapaz de dar garantías a las mujeres de embarazo no castigado en lo laboral, y dónde sea una buena opción tener hijos para las mujeres que no quieren ser condenadas a la inestabilidad laboral o a salarios menores. Sí, muchos no quieren migrantes, pero tampoco quieren entregar garantías para traer niños que sean habitantes dignificados en nuestra patria.

Sí, la probabilidad de encontrar artículos científicos escritos por mujeres es baja, y no tiene que ver con la voluntad. Sí, las postulaciones a investigación suelen excluir a equipos liderados por mujeres.

El violento ninguneo a lo femenino, donde despreciamos a la mitad de los talentos de la humanidad, ha comenzado a ser revisado en las universidades. Va quedando menos para construir una sociedad de personas. Es una vergüenza que partiera del hastío.

 

Docente e investigador, Francisco Javier Larraín

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