[opinión] Panegírico del ocio

Publicado el 6 marzo, 2018 Por Equipo de Corresponsales

Todo ser humano es un animal de necesidades, también los demás seres. Desde milenios se dice que la necesidad hizo al hombre. Es, según el diccionario, ” impulso irresistible ” consustancial a toda persona. No es ésa la única acepción del vocablo, existen otros significados. La palabra necesidad ha sido y es materia de estudio, […]

Todo ser humano es un animal de necesidades, también los demás seres. Desde milenios se dice que la necesidad hizo al hombre. Es, según el diccionario, ” impulso irresistible ” consustancial a toda persona. No es ésa la única acepción del vocablo, existen otros significados.
La palabra necesidad ha sido y es materia de estudio, de profunda reflexión filosófica desde siglos, por no decir milenios. El debate apunta inclusive a la esencia del ser humano, a su razón de ser, de existir, nada menos …
En época estival y luego de laborar por largo tiempo, generalmente durante el plazo de un año o más, las personas acusan física y mentalmente la necesidad de vacacionar  ( del latín ” vacare “, estar libre, desocupado ). Las altas temperaturas del período contribuyen al agobio, pero son esencialmente las fatigas mental y física de las personas las que llevan, conducen al natural descanso.
Las vacaciones social y culturalmente se han establecido como un derecho universal de toda persona. El derecho surge cuando la satisfacción de la necesidad es negada. Así ocurre también con otras necesidades humanas.
Trabajo es otro concepto que se instala de manera obligatoria en esta reflexión, es la antítesis de vacación y ocio. Es más, el origen de aquella tal palabra refiere directamente al suplicio, al castigo que recibían ciertas personas en el ” tripalium “, los tres palos que servían para colgar a aquellos seres humanos llevados al tormento. De esa expresión latina deriva nuestra actual palabra trabajo.
No se trata de hacer simple apología del ocio, él se instala y se vale por sí mismo. El ” neg – otium ” ( negocio ), que supone trabajo, es literalmente la negación del ocio.
Al ocio se lo ha desprestigiado diciendo de él que engendra toda suerte de vicios. Es ésa una distorsión de su servicio, de su inocente utilidad humana y social, una alevosa calumnia. Es ésa una injusticia.
Si no hubiese sido por el ocio, por esos momentos impagables de sosiego, de reposo del músculo y de la mente, por esos instantes de la mayor elevación del espíritu, de la detenida y fértil reflexión, de la contemplación, no habrían nacido algunas de las más geniales teorías que hoy conocemos, ni los más notables hallazgos e inventos científicos de los que la humanidad se ha beneficiado, ni la belleza que el ser humano ha creado. Todas esas virtuosas creaciones humanas han tenido como fuente original el ocio.
El buen ocio engendra la ubérrima imaginación y merece panegíricos, apologías y toda suerte de alabanzas.
Carlos Poblete Avila
Profesor de Estado

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