Insulza: otro enfermo de poder

Publicado el 16 febrero, 2016 Por Columna de Opinión

Hace poco, a raíz de una columna que escribí sobre Enrique Correa, un amigo me confidenció que el Mapu del que proviene también José Miguel, reunió a fines de los 70’ una característica que ningún partido del orbe había conseguido hasta allí: cuadrar el círculo y concitar al mismo tiempo el respaldo del Kremlin, el […]

Hace poco, a raíz de una columna que escribí sobre Enrique Correa, un amigo me confidenció que el Mapu del que proviene también José Miguel, reunió a fines de los 70’ una característica que ningún partido del orbe había conseguido hasta allí: cuadrar el círculo y concitar al mismo tiempo el respaldo del Kremlin, el Vaticano y la Casa Blanca. Para tal proeza resultó clave el rol que desempeñaron el mismo Correa, Insulza y Viera Gallo cuya historia en si misma resume el carácter de casta de nuestra oligarquía política: socialista casado con Teresa Chadwick, hermana de Andrés que a su vez es primo del otro intocable de la fiscalía: Sebastián Piñera.
José Miguel, fue uno de esos jóvenes que tempranamente se subió a un coche fiscal para no bajarse nunca más: trabajó para el gobierno de Frei; en la UP fue asesor de Almeyda en la cancillería; en su exilio en Roma trabajó en instituciones de solidaridad con Chile que financiaba el gobierno italiano y desde allí emigró a México, donde trabajó para organismos dependientes de EE.UU y se transformó en hombre de su confianza y clave en la conversión ideológica del PS; con Aylwin fue embajador de cooperación; con Frei subsecretario y luego canciller en cuya condición encabezó la defensa de Pinochet en Londres.

Frei en 1999, lo nombró ministro de la Segpres; Fue el ministro del Interior a lo largo de casi todo el sexenio de Lagos y allí cumplió uno de los roles que profundizaron el concubinato dinero-política al pactar con Longueira el fin del MOP-GATE que significó poner la ya ascendente basura de la corrupción bajo la alfombra a cambio de eliminar los delitos de cuello y corbata y mantener la reserva de las donaciones de empresas a las campañas políticas. También llegó a acuerdo con la corte suprema, para liberar diputados involucrados en corrupción que significó el aumento sustantivo del presupuesto de ese tribunal el 2004. Insulza dejó la jefatura de gabinete de Lagos en 2005, para transformarse en secretario general de la OEA y recibió incluso el respaldo de la administración Piñera para un segundo mandato que se extendió hasta mayo del año pasado función que abandonó cuando el partido del orden retomó el control del oficialismo y su amigo Viera Gallo migró a la embajada en Argentina, asumiendo como su reemplazo en Transparencia Internacional, función que mantuvo hasta que Bachelet lo designó en diciembre como el nuevo agente chileno en La Haya. En fin, toda una vida con cargo al presupuesto de alguna nación o como si se tratase de un apostolado, entregados al servicio público.

Insulza, al igual que Longueira, es parte de esa casta transversal que se reparte de derecha a izquierda que se instaló con la transición y que tanto daño le hizo a Chile.

Edison Ortíz 

 

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