Problematizando la infancia: “el TDAH”

Publicado el 27 junio, 2014 Por Columna de Opinión

Desde los años 90, una de las enfermedades infantiles diagnosticadas con mayor frecuencia ha sido el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Se trata de un trastorno psicológico que afecta entre el 3 y 5% de la población infantil, según lo informa el Manual de Diagnóstico y Estadística de Enfermedades Mentales DSM-IV (1995). En […]

Desde los años 90, una de las enfermedades infantiles diagnosticadas con mayor frecuencia ha sido el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Se trata de un trastorno psicológico que afecta entre el 3 y 5% de la población infantil, según lo informa el Manual de Diagnóstico y Estadística de Enfermedades Mentales DSM-IV (1995). En Chile, no existen estudios sistemáticos, ni instrumentos validados que entreguen este tipo de información en edades tempranas, aunque algunos autores han reportado una prevalencia mayor de un 5 por ciento en la población menor de 18 años.

En años recientes, el diagnóstico ha sido profundamente cuestionado, tanto en términos neurológicos como éticos. Dichas dudas se agudizan ahora que se ha dado a conocer las palabras de quien en la década de 1960 definió el TDAH, el psiquiatra estadounidense Leon Eisenberg. El médico aceptó, el año 2009, poco antes de morir, en una entrevista para el semanario  alemán ‘Der Spiegel’, que su propuesta sobrevaloraba el factor hereditario en el TDAH y que, además, era una enfermedad sobrediagnosticada, dejando la incertidumbre de hasta dónde se trata de una dolencia real. Aún más, los críticos más ácidos afirman que la labor de Eisenberg fue crear supuestas pruebas de que la falta de concentración de un niño tenía orígenes genéticos, lo que podría corregirse al suministrar un fármaco, creando con ello, de manera intencionada, una gran demanda de medicamentos. Con todo, el propio Eisengerg reveló que, si el TDAH existe, éste debería relacionarse con las circunstancias psicosociales del menor.

La gran estimulación a la que se ven sometidos los niños desde muy temprana edad hace que presenten necesidades pedagógicas diferentes a las clásicas, para las que, en muchas ocasiones, la escuela no se encuentra adecuadamente preparada, por la elevada demanda de atención que presentan. En estos casos, muchos establecimientos optan por derivar estos casos a un profesional de la salud mental, lo que refuerza la posibilidad de un sobrediagnóstico.

Por ello, es necesario por parte del educador un manejo que se caracterice por reconocer y valorar las potencialidades especiales que estos niños presentan  y, además, que la escuela ofrezca actividades que satisfagan su inquietud y alta actividad. Por otro lado, los profesionales involucrados deben determinar las razones psicosociales que pueden producir este tipo de problemas de conducta (discusiones en la familia, separación de los padres, problemas en la escuela, etc.) antes de sugerir los fármacos, pues, cómo reza el proverbio: “el remedio puede ser peor que la enfermedad”.

La intervención en estos casos por parte de un profesional de la salud mental (ya sea Psiquiatra o Psicólogo) debe contemplar de forma integral todas las variables que influyen en la conducta del niño, desde su entorno familiar hasta las condiciones escolares, para poder realizar un eficaz diagnóstico y plan de intervención. Como en todas las problemáticas de este tipo es vital trabajar desde la prevención en salud en el ámbito escolar, favoreciendo que todos los profesionales implicados en la educación analicen de manera crítica este mal llamado “síndrome”.

 

Víctor Rodríguez

Jefe de carrera Psicología UAC Rancagua

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