Perfeccionamiento académico en educación superior

Publicado el 10 agosto, 2018 Por Columna de Opinión

Estudiar una carrera universitaria es un anhelo para muchos(as) jóvenes, pues su consecución es, a toda evidencia, un fuerte agente de movilidad social. Aquellas instituciones que tengan por misión tan noble propósito, enfrentan el desafío de tener que recibir año a año, a grupos de estudiantes con los cuales se deberá comenzar un trabajo de […]

Estudiar una carrera universitaria es un anhelo para muchos(as) jóvenes, pues su consecución es, a toda evidencia, un fuerte agente de movilidad social. Aquellas instituciones que tengan por misión tan noble propósito, enfrentan el desafío de tener que recibir año a año, a grupos de estudiantes con los cuales se deberá comenzar un trabajo de formación atingente al período histórico, social y tecnológico, sobre el cual se desarrollará el proceso formativo, y teniendo que ser a su vez, visionarias en anticipar lo que serán los requerimientos laborales sobre los cuales se desenvolverán estos(as) futuros(as) profesionales y ciudadanos(as).

Así como Facebook, Twitter o Youtube son realidades tecnológicas que hace 15 años no eran siquiera imaginables, es igualmente inimaginable pensar que los(as) jóvenes y la sociedad de ese entonces sean iguales a los(as) de hoy.

¿Cómo se hace cargo una Universidad para que, a pesar de todos esos cambios, su labor formativa siga siendo pertinente para sus estudiantes? Si bien hay una serie de factores que inciden en ello, dentro de los más importantes está el contar con buenos docentes. Bajo este término están implícitas una serie de características, partiendo por una formación disciplinar de excelencia, pero también aspectos humanos y pedagógicos que deben ser garantizados y potenciados tanto dentro como fuera del aula.

Toda universidad debiera contar con políticas que garanticen que la calidad de sus docentes no es fruto del azar, ni tampoco características personales de sus profesores, sino que debe estar en permanente preocupación por la mejora constante de su cuerpo docente, habilitándolo y perfeccionándolo en todos aquellos aspectos relacionados directa o indirectamente con esta labor. Así, dentro de las funciones docentes está naturalmente el deber perfeccionarse en todos aquellos aspectos que tengan incidencia directa e indirecta en la calidad de la docencia, como, por ejemplo, evaluación por competencias, metodologías inclusivas, diseño de actividades docentes, e igualmente, atención a la diversidad, protocolos de atención y derivación, etc., que reflejen una comprensión cabal y armónica del propósito formativo global que se expresa coyunturalmente en su labor docente.

Si bien alguno de estos elementos puede parecer algo subjetivo, su manifestación es evidente y palpable en las Universidades de excelencia. No basta un doctorado para ser buen profesor. El perfeccionamiento docente, al igual que el disciplinar, nunca termina.

Carlos Pérez

Director de Pregrado

Universidad de O’Higgins.

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