Editorial: La señal que envió el Vaticano

Publicado el 12 junio, 2018 Por Equipo de Corresponsales

En medio la fuerte crisis que vive la Iglesia Católica chilena, ayer el Vaticano dio a conocer una de sus medidas más potentes en medio de los casos de abusos sexuales contra menores, encubrimientos y falta de diligencia ante las denuncias. El Papa Francisco aceptó las renuncias de los obispos Juan Barros, Cristián Caro y […]

En medio la fuerte crisis que vive la Iglesia Católica chilena, ayer el Vaticano dio a conocer una de sus medidas más potentes en medio de los casos de abusos sexuales contra menores, encubrimientos y falta de diligencia ante las denuncias.

El Papa Francisco aceptó las renuncias de los obispos Juan Barros, Cristián Caro y Gonzalo Duarte. La figura de Barros complejizó la visita del Pontífice a Chile en enero pasado, ya que es sindicado por las víctimas de Fernando Karadima como encubridor de los abusos del sacerdote.

La noticia se conoce a menos de un mes desde que la totalidad de los obispos de la Iglesia Católica chilena presentaran su renuncia, tras una reunión con Francisco donde se abordaron los casos de abusos sexuales que golpean a la institución.

Una decisión que hizo eco en diversas partes del mundo, especialmente por la repercusión que esta noticia ha tenido y las implicancias futuras que podría acarrear.

Pero ¿qué tan potente es una señal de este tipo? La fuerza de esta decisión viene de la mano de la figura de Juan Barros, fuertemente cuestionado por las víctimas de Karadima, pero además tiene que ver con la necesidad de recomponer la confianza y credibilidad de una institución que no ha podido sobreponerse a las críticas, principalmente por la falta de diligencias y la forma errática de actuar antes las denuncias y los hechos de abusos.

Y en este sentido, más allá de la reestructuración de mando, es clave que al interior de la iglesia católica se entienda que, en este tipo de hecho, tan graves como abusos contra menores, son los tribunales los llamados a impartir justicia, y para ello se deben erradicar los encubrimientos o los silencios  que en el pasado no permitieron llegar a la verdad judicial; ya que la no entrega de antecedentes a tiempo terminó por dejar impunes a muchos responsables.

En este escenario, vale preguntarse si la medida adoptada por el Vaticano es suficiente para lograr recuperar la confianza de la sociedad chilena o se necesita una señal mucho más potente para revertir la crisis que hoy atraviesa la Iglesia Católica.

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