Cómo enfrentar con los hijos una separación o divorcio

Publicado el 15 abril, 2018 Por Alex Savoy

Psicólogo expone que entre los tres y siete años la ausencia de alguno permite fantasear con la reconciliación o bien sentir temor de ser reemplazados por otros hijos.

Un estudio publicado por Unicef señala las consecuencias que produce para los menores la separación o divorcio de sus padres. En esos términos apunta que la ruptura siempre será dolorosa, aun cuando se desarrolle en términos amistosos y por acuerdo mutuo. Y si bien es un duelo para los adultos, son los niños quienes resienten de manera silenciosa y muchas veces se olvida que también están en juego sus emociones.

El psicólogo infanto-juvenil, Rodrigo Venegas, académico de la Universidad San Sebastián, explica que es importante entender que en una separación los protagonistas no son sólo dos, “el o los niños sufren la ausencia de uno de los progenitores que abandona la casa y piensan que todo su mundo ha cambiado, así como también sienten que han sido olvidados”.

El especialista en terapia familiar explica que “es importante que se entienda que los miembros de la familia atraviesan por ese momento, se debe estar consciente de ello porque permitirá identificar las emociones”.

“Cuando son niños menores de tres años, suelen tener conductas evolutivas que ya fueron superadas, como por ejemplo, la pérdida del control de esfínteres, irritabilidad y angustia al separarse de los adultos”, dice Venegas.

De esta forma, expone que en cada etapa, los niños pueden tener distintas conductas. “Entre los tres y siete años, pueden idealizar al padre que está ausente, fantasear con la reconciliación de sus padres o también sentir temor de ser reemplazados por otros hijos. De los ocho a diez años sienten culpa por la separación, también puede disminuir la autoestima y presentar conductas irresponsables o antisociales”, detalla el psicólogo.

El profesional señala en el caso de los adolescentes también hay emociones porque “puede que el sentimiento de culpa sea más fuerte, así como el de abandono, mientas que probablemente culpará a uno de los padres de la situación sintiéndose aliado de la otra parte”.

Para el terapeuta familiar, lo relevante es que los adultos asuman su rol como tales, no disfrazando realidades para engañar a los niños, ni tampoco dando por hecho la comprensión de sus problemas por parte de los pequeños, “así, la comunicación a través del juego o la conversación franca permitirá identificar y entender las conductas descritas, para luego dar paso a un divorcio responsable, tomando medidas para disminuir el efecto negativo en los hijos”.

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