Para saber y contar: El corredor bioceánico

Publicado el 28 febrero, 2018 Por Columna de Opinión

El cobre, rojo como los copihues, fue la riqueza que marcó el desenvolvimiento de Rancagua durante el siglo XX, configurándola como una ciudad pujante, de un crecimiento desbordante, haciéndola alcanzar la meta de ser la orgullosa capital regional de O’Higgins y una de las principales ciudades de Chile. En este siglo XXI, caracterizado por la […]

El cobre, rojo como los copihues, fue la riqueza que marcó el desenvolvimiento de Rancagua durante el siglo XX, configurándola como una ciudad pujante, de un crecimiento desbordante, haciéndola alcanzar la meta de ser la orgullosa capital regional de O’Higgins y una de las principales ciudades de Chile.
En este siglo XXI, caracterizado por la globalización, por la apertura de los grandes mercados internacionales, por el comercio a través de los océanos hasta los confines del planeta, por el avance del Pacífico como el centro mercantil del universo, se abre para nuestra ciudad y región una oportunidad inmejorable de reemplazo, cual es el Corredor Bioceánico.
Esta ruta, a cuya vera deberían erigirse las torres que aseguren la integración eléctrica entre ambas naciones, unirá Buenos Aires en el Atlántico con San Antonio en el Pacífico, creando en ambos sentidos un importante flujo de vehículos (tres mil diarios, según cálculos conservadores), de migración de mano de obra, de bienes, de servicios y de capitales, así como de turismo, de cultura, de integración americana, el viejo sueño de Bolívar, que sigue inconcluso.
Soñamos con el día venturoso en que Chile y Argentina, hermanados desde su origen como naciones libres e independientes, se unan en una Gran Nación, con rivera en ambos océanos, con pampas y frutales, con metales y ganado, una gran potencia del futuro. Los Estados Unidos Andino Platenses, capital Mendoza, con que soñaron Perón e Ibáñez es una meta real. O´Higgins y San Martín nos llaman infatigablemente a ello. ¿Por qué demoramos este gran paso?
Cabe recordar que los presidentes de Chile y Argentina, en dos ocasiones (1998 y 2.000) han ratificado la voluntad de ambas naciones de construir este corredor, cruzando los Andes por el paso Las Leñas, aquí, a la vera de Rancagua. Es el inicio de la Gran Unidad.
Este magno proyecto, a la altura de los grandes ideales americanistas, ha pasado por distintas etapas, desde grandes explosiones de entusiasmo, hasta una lasitud que preocupa. Se ha pasado varias veces de los hechos a las palabras, del impulso a la pasividad. Se ha burocratizado.
Tenemos grandes esperanzas cifradas en este gran proyecto, que nos recuerda la epopeya de Sewell, construida como un nido de águilas en la alta cordillera. Ese empeño colosal nos hace falta en este proyecto majestuoso.
De un modo similar a aquel, confiamos en que nuestros hombres y mujeres levantarán por las cumbres andinas este camino de unidad americana, haciendo un avance notorio para transformar a América en una sola patria común, como lo soñaron nuestros visionarios libertadores.

Mario Barrientos Ossa.
Abogado.
Magíster en Derecho U. de Ch.

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