Para saber y contar: La eterna esperanza

Publicado el 3 enero, 2018 Por Columna de Opinión

El planeta gira, súbdito del sol,  y estamos iniciando un nuevo año, otros 365 días en torno a la estrella que nos da la vida. El ritual de la eterna esperanza refulge nuevamente, desde hace siglos y hasta siempre. El solo hecho de cruzar de un  año al otro, nos abre la caja de las […]

El planeta gira, súbdito del sol,  y estamos iniciando un nuevo año, otros 365 días en torno a la estrella que nos da la vida.

El ritual de la eterna esperanza refulge nuevamente, desde hace siglos y hasta siempre. El solo hecho de cruzar de un  año al otro, nos abre la caja de las ilusiones, la creencia de que todo será nuevo, mejor, que nuestro porvenir se acrecentará, que todo será distinto. Todo eso, repitiendo la misma rutina, prisioneros de los mismos hábitos, como la tierra lo es del sol.

Es bueno escuchar la voz de un genio, de Albert Einstein, que dijo: “Si Ud. quiere que su futuro  sea distinto a como es hoy, cambie su manera de hacer las cosas”. Palabras con la lógica irredargüible de una certera mente matemática: si seguimos haciendo las cosas igual que hoy y creemos que no nos va bien, o no tan bien como queremos o  merecemos, es obvio que si seguimos actuando igual, nuestro futuro será una simple repetición del presente o de nuestro pasado. Palabra santa.

Por tanto, para hacer realidad la eterna esperanza de que todo cambie para bien, que este año sea mejor que el pasado y los otros que lo precedieron, no esperemos inertes que todo suceda en nuestro beneficio sin esfuerzo alguno, por mero azar. Nosotros podemos hacer real la esperanza, pero para eso debemos cambiar.

Si aplicamos lo dicho al país, el escenario es idéntico. Estamos convencidos que todo será mejor, nos acompaña la eterna esperanza, pero con la clara idea que otros deben hacerlo todo: el gobierno, los empresarios, dios todopoderoso, pero no Juan Verdejo o la señora Juanita.

Soñamos con mejores ingresos para vivir mejor, o con mejores expectativas laborales, pero no nos acordamos que debemos trabajar mejor, capacitarnos, disciplinarnos, exigirnos más. El porvenir será mejor cumpliendo con deberes y no esperando más derechos.

Soñamos con que nuestras familias vivan en mayor armonía, que los niños cumplan las expectativas que tenemos con ellos, pero no nos acordamos para nada que hay que disciplinarlos, motivarlos a estudiar más, nos olvidamos de comprarles libros, de llevarlos a los museos, de hablar con ellos sobre temas relevantes, no cambiamos la rutina chabacana de pura tele y juegos electrónicos, con escasa comunicación. Una persona conocida se vanagloria de que ha gastado siete millones de pesos en juegos para sus hijos. En libros, cero peso. ¿Podremos tener un país mejor así?¿Cambiará el porvenir si no cambiamos nuestras conductas para bien?

La eterna esperanza de que todo será mejor, es una invitación apropiada para cambiar y hacer mejor las cosas. El futuro, entonces, será también mejor.

Mario Barrientos Ossa.

Abogado.

Magíster en Derecho U. de Chile

 

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