[Opinión] Para saber y contar: La ingratitud pública

Publicado el 18 enero, 2018 Por Columna de Opinión

En nuestro querido país, es usual hablar de “el pago de Chile” como una manifestación de la ingratitud pública hacia personas o instituciones. Se dice que cuando las huestes de Diego de Almagro volvieron de regreso al  Cusco, era tan grande la miseria de sus integrantes, que todos hablaban que “así se paga en Chile”, […]

En nuestro querido país, es usual hablar de “el pago de Chile” como una manifestación de la ingratitud pública hacia personas o instituciones. Se dice que cuando las huestes de Diego de Almagro volvieron de regreso al  Cusco, era tan grande la miseria de sus integrantes, que todos hablaban que “así se paga en Chile”, surgiendo el concepto de “el pago de Chile”.

Pero, el objeto de este comentario es demostrar a nuestros amables lectores que la ingratitud pública es universal, y no una especialidad nacional.

En estos días se recuerda con especial unción a Winston Churchill, el líder que condujo al pueblo británico a una de sus más grandes victorias, la derrota de la Alemania nazi. Cuando en 1940 asumió el cargo de Primer Ministro, tenía ya 66 años, y transmitió a los ingleses la férrea resistencia a los nazis, que bombardeaban inclementemente a Londres y otras ciudades británicas.

Les ofreció “sangre, sudor y lágrimas”, y cuando parecía no haber esperanza alguna, con Europa dominada por Hitler, logró que el Reino Unido, con la ayuda de los Estados Unidos, derrotara al imperio nazi.

Llovieron los elogios, los reconocimientos, las medallas, la proclamación de ser uno de los más grandes estadistas y gobernantes de la Historia.

En este año, dos grandes películas muestran facetas de su enorme personalidad y de la increíble fuerza moral que lo llevó a convencer a los británicos que solo se podía luchar y luchar, sin claudicar jamás.

Pero, todos se olvidan que el jueves 5 de julio de 1945, terminada la guerra, se llevaron a cabo elecciones generales en el Reino Unido, produciéndose una de las más grandes sorpresas.

El Gran León vencedor de la guerra, lleno de elogios y medallas, fue derrotado por el líder laborista, Clemente Attlee, en una de las victorias más grandes del Laborismo.

Los laboristas obtuvieron el 49,7% de los votos, y los conservadores, un 36,2%, una derrota estrepitosa. Los primeros eligieron 393 diputados, mayoría absoluta en la Cámara de los Comunes, y Churchill debió entregar el mando a Attlee, ante la sorpresa de todo el mundo.

Si esto hubiera ocurrido en nuestra patria, habría sido “el pago de Chile”, no sé cómo lo llaman los británicos, pero pregunto: ¿sería por eso que nos llamaron un tiempo los ingleses de América?

 

Mario Barrientos Ossa.
Abogado.
Magister en Derecho U. de Ch.

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