El enviado de mister Trump

Publicado el 13 septiembre, 2017 Por Columna de Opinión

Por estos recientes días, el vicepresidente de Estados Unidos, el señor Mike Pence, estuvo de visita en algunos países de nuestra América, entre ellos, Chile. Llegó en misión por encargo del Presidente “mister”  Donald Trump. En general es algo común que los mandatarios visiten diversos países, se entiende con el propósito de establecer amistosas relaciones, […]

Por estos recientes días, el vicepresidente de Estados Unidos, el señor Mike Pence, estuvo de visita en algunos países de nuestra América, entre ellos, Chile. Llegó en misión por encargo del Presidente “mister”  Donald Trump.

En general es algo común que los mandatarios visiten diversos países, se entiende con el propósito de establecer amistosas relaciones, firmar convenios de distinta naturaleza en bien de los mismos gobiernos y, sobre todo, de los pueblos. El protocolo así lo establece. Se pronuncian declaraciones públicas conjuntas, etc.

Llamó la atención que esta vez el enviado de EE.UU. venía con dos tareas bien específicas, según declaraciones públicas que de él se conocieron: una, que Chile rompiera relaciones diplomáticas con el gobierno de Venezuela, y, la otra; que también nuestro país-gobierno terminara los vínculos con Corea del Norte. En concreto fue lo que públicamente se conoció.

Cualquier connacional con un mínimo de decoro comprenderá que una orden así – en estos tiempos – es inaceptable. Algunos, todavía con actitud de yanaconas, dirán que era una recomendación, un consejo, o una solicitud, como suele mediante eufemismos también decirse, para que el atropello injerencista no parezca tan grotesco.

En tiempos más pretéritos los gobernantes de EE.UU. solían, a los gobiernos de América Latina, esas mismas órdenes darlas por teléfono, con el cúmplase correspondiente, hoy se molestan en viajar.

En algunos gobernantes, por desgracia no en todos, ciertos signos de soberanía existen. Justo es reconocer que si alguna conciencia, cierta soberanía, cierta dignidad, y algún decoro tienen ciertos gobernantes en nuestro continente, es gracias a la existencia de la Revolución Cubana que desde 1959 marcó un hito histórico hasta hoy, enarbolando justamente todos aquellos conceptos libertarios y de independencia con respecto al gran imperio.

Valga señalar que históricamente España, Inglaterra, Alemania y Estados Unidos – potencias imperialistas – siempre fijaron sus intereses en las riquezas de Chile. Nada más que un solo dato: ya en 1741, un súbdito inglés hacía clara mención de las ansias fagocitarias  de ese imperio con respecto a las riquezas de esta América. Textualmente el mencionado vasallo decía “… así nosotros incrementaremos nuestras propias riquezas (…..), lo que es suficiente para hacer nuestra felicidad más permanente “.  (Citado por Fred Rippy: Latin America in world. Pág. 28).

 

Carlos Poblete Ávila

Profesor de Estado

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