Columna de Mario Barrientos: Nostalgia de Ricardo Lagos

Publicado el 9 agosto, 2017 Por Mario Barrientos Ossa

Avanza la campaña presidencial, con los altibajos que conocemos, y un enorme manto de nostalgia comienza a envolver al país, ante la ausencia del mejor, del único estadista que tenemos, de esa lumbrera que se llama Ricardo Lagos Escobar. Cuesta entender que en un país en que la política ha caído a niveles enormes de […]

Avanza la campaña presidencial, con los altibajos que conocemos, y un enorme manto de nostalgia comienza a envolver al país, ante la ausencia del mejor, del único estadista que tenemos, de esa lumbrera que se llama Ricardo Lagos Escobar.

Cuesta entender que en un país en que la política ha caído a niveles enormes de desprestigio, que vive en una indisciplina que carcome la vida nacional, en un proceso en que la economía no remonta, que requiere manos hábiles y fuertes para poner remedio al escenario en que estamos, se desprecie de tal manera al mejor de los mejores, para conformarnos, una vez más, “con el mal menor”.

Se va formando consenso entre los analistas nacionales e internacionales en torno a que la decisión del Partido Socialista de haber bajado la candidatura de Lagos, de una manera tan torpe y poco deferente con un hombre de su nivel, para preferir a un principiante inexperto, del cual nada se conoce que no sea que es bueno para dar y comentar noticias, constituye uno de los errores políticos más grandes de los últimos años, y que quedará como mancha infamante en nuestra historia para quienes tuvieron el desatino de haber obrado de esa manera, causando un grave daño al interés nacional.

El tejido social, de manera transversal, lamenta que Lagos no esté en la papeleta de noviembre, y basta escuchar sus frases para verificar la claridad con que piensa y dice las cosas: “El crecimiento de la economía es lo único que interesa ahora, lo demás es música”. Corto y claro. Me interpreta mil por ciento.

¿Por qué no está Lagos en esta carrera? Por una razón poderosa: manda, sabe mandar, y eso molesta y es inaceptable hoy para quienes se acostumbraron al desorden, a mandarse solos, a hacer su voluntad cueste lo que cueste, a ceder al menor riesgo de dificultad. Era el único que podía poner orden en la casa, ninguno de los otros tiene la mínima posibilidad de lograrlo. Era mal negocio traer de vuelta al estadista mandón.

¡Aún tenemos patria, ciudadanos! Confiamos que a pesar del enorme desaguisado cometido, la historia nos dé una oportunidad de volver a la buena senda, lamentablemente, “eligiendo el mal menor”, y no el mejor, como debió haber sido y lo merecemos.

Mario Barrientos Ossa.

Abogado.

Magister en Derecho U. de Ch.

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