Para saber y contar CLXXIV: Voces del alma

Publicado el 12 julio, 2017 Por Columna de Opinión

Caminaba hacia las azules aguas a oír cantar las sirenas. De pronto, una voz juvenil me dio los buenos días, y al volverme a saludar me encontré con un muchacho de unos doce años, de buena estampa, tenida deportiva, mochila y paso ágil que me preguntaba con gentileza a donde iba, me contó que él […]

Caminaba hacia las azules aguas a oír cantar las sirenas. De pronto, una voz juvenil me dio los buenos días, y al volverme a saludar me encontré con un muchacho de unos doce años, de buena estampa, tenida deportiva, mochila y paso ágil que me preguntaba con gentileza a donde iba, me contó que él iba a Viña caminando, me trató con la educación fina de alguien bien criado, seguro de sí. Me deseó buen día y aceleró el paso tras su meta, yo le deseé mucho éxito en su vida.

Mientras canturreaba, me imaginé a este muchacho, cuyas condiciones me hacen prever un venturoso porvenir, sentado en una elegante sala de una gran compañía, ejerciendo con esa misma soltura y talento altas funciones gerenciales, haciendo cosas, que es la médula de la vida, persiguiendo metas, como hoy. Y sentí el pesar de que no lo vería, pues en esos años venideros mi alma estará en la inmensidad, acostada en una cama de polvo cósmico, arropada con las constelaciones, en mi sueño eterno. No escucharé la voz de las sirenas, sino el canto inimaginable de las estrellas, rodeándome en miríadas.

Y a poco andar, me lo imaginé sentado en los hemiciclos, algo canoso pero fuerte, diciendo su discurso en nombre del pueblo, imaginando que sostendría muchas ideas que anido en mi corazón, que no me ha sido posible concretar ni expandir, y eso me emocionaría, al pensar que lo que en mi generación no logramos, esa joven fuerza, esa talentosa voz lo traería. Y volví a sentir el pesar de que mi alma ya no estaría en mi cuerpo, que volaría por las inmensidades celestiales, que como un Colón de los siglos venideros navegaría en las penumbras hacia los titilantes márgenes del universo, en busca de la verdad primigenia.

Y me asaltó la idea de que tal vez tuve la fortuna de conocer a un futuro presidente, imaginé verlo asomado a uno de los balcones de palacio, diciendo su verdad a un pueblo que exultante lo saludaba, y sentí que en su voz estaría la mía, y que sus palabras serían las que quise muchas veces decir, y que las dije, pero nadie me oyó, y que traería a la patria, con su fuerza y talento, lo que otros no pudimos traer. Más, no lo veré, a esas lejanas décadas ya mi alma estará viviendo sus últimos momentos, terminado su viaje estelar, esparciéndose como arena infinitesimal entre los astros, de regreso a lo que fuimos, un escaso y perdido polvo de estrellas morando en este valle de lágrimas…

 

Mario Barrientos Ossa

Abogado

Magister en Derecho U. de Chile

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