Cómo detectar a un adolescente con déficit atencional y los riesgos de no ser tratados a tiempo

Publicado el 16 julio, 2017 Por Carla Dinamarca Miranda

El 10% de los niños presentan el trastorno, un 70% siguen mostrando síntomas en la adolescencia, el resto los compensa y disimula, dificultando su diagnóstico y tratamiento.

No les gusta el colegio, tienen bajas notas, se frustran rápidamente, reaccionan explosivamente y tienden a meterse en problemas. Esas son las conductas que llevan a un adolescente a ser catalogado como joven “problema”. La realidad es que estas acciones pueden ser algo más que rebeldía, sino que un trastorno diagnosticable y tratable. Ésta es la realidad de los jóvenes con déficit atencional.

La psiquiatra de la Corporación de Salud para el Adolescente SerJoven, Javiera Mayor, define el Trastorno por Déficit de Atención (TDA) como la presencia de desatención, hiperactividad e impulsividad en un nivel que produce una disfunción en la adaptación y desarrollo. Esta ocurre cuando hay bajos niveles de dopamina en el cerebro, un neurotransmisor que conecta las neuronas en las zonas encargadas de las funciones ejecutivas como lo son la organización, planificación y realización de tareas.

Quienes sufren este trastorno tienen una atención multifocal o en halo, lo que genera problemas con todo lo que requiera un orden o seguir una pauta. Los niños generalmente son temerarios, propensos a accidentes, impulsivos en cuanto a que no respetan turnos y se saltan las normas, tienen baja tolerancia a la frustración y buscan gratificación inmediata.

La experta explica que los niños que no son diagnosticados ni tratados a tiempo, se convierten en jóvenes que no miden las consecuencias ni riesgos asociados a sus conductas. Son más propensos a incurrir en el consumo de drogas y alcohol, caer en conductas delictuales, juntarse con pares de riesgo y manejar rápido.

En lo académico, los jóvenes con TDA empiezan a tener diferencias importantes con sus pares con el aumento de las exigencias, presentan una actitud aversiva hacia todo lo escolar y crece el riesgo de deserción, repitencia y finalmente el fracaso académico y laboral. En el plano sexual, buscan la novedad y al ser impulsivos, aumenta el riesgo de un inicio precoz de relaciones sexuales, de tener múltiples parejas y todos los riesgos asociados a esto”.

En tanto, el 10% de los niños padece de TDA, de ellos, el 70% sigue presentando síntomas en la adolescencia, pero el resto, gracias a la madurez, los compensa y los disimula dificultando su diagnóstico. A medida que crecen, la hiperactividad no desaparece, sino que pasa desde una inquietud física a una interna, la que se manifiesta por ejemplo en jóvenes que se comen las uñas, mueven el pie o juegan con los dedos, asegura la especialista de SerJoven.

 

 

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