[OPINIÓN]: ¡Llévame contigo!

Publicado el 21 abril, 2017 Por Columna de Opinión

Está claro que hoy la oferta supera a la demanda. El mercado ofrece a clientes y consumidores una inagotable fuente de productos, sean necesarios o no; así surge el primer desafío del empresario: que su producto sea elegido entre todos los productos de la categoría, pero ¿cómo lograrlo? Creer que los consumidores compran productos, es […]

Está claro que hoy la oferta supera a la demanda. El mercado ofrece a clientes y consumidores una inagotable fuente de productos, sean necesarios o no; así surge el primer desafío del empresario: que su producto sea elegido entre todos los productos de la categoría, pero ¿cómo lograrlo?

Creer que los consumidores compran productos, es una afirmación que surge desde el enfoque antiguo de la filosofía del marketing, basado en la producción: producir mucho, distribuir aún más. Hoy, las empresas comprendieron que los consumidores no compran productos; compran los beneficios o servicios que la compra de ese producto les aporta. Por tal razón la empresa debe desarrollar su estrategia de comercialización considerando también, los aspectos psicológicos y sociales que afectan al consumidor.

En este deseo de ser el producto elegido, surge entonces la necesidad de diferenciarse, es decir, diseñar un producto distinto y mejor a los productos existentes, ser un producto que aporte valor al consumidor (valor entendido como la importancia que percibe el consumidor, al obtener este producto), tener esta información de nuestros clientes, nos permite atenderlos mejor, diseñando para ellos una estrategia de marketing que satisfaga sus necesidades.

¿Cuándo fue la última vez que se preguntó qué valora mi target (segmento meta, consumidor)? Aspectos como la rapidez, el diseño, la atención, la forma de pago, el packaging (envoltorio), entre otros, podrían resultar de suma relevancia para nuestro consumidor, ¿lo sabíamos? ¿Hemos investigado a nuestro consumidor?

En términos generales, si su producto satisface mejor que la competencia, la misma necesidad de los consumidores; aporta además beneficios extras que su cliente valora (diseño, tecnología, portabilidad, atención, durabilidad, etc.), es más eficiente en cuanto a su funcionalidad (cumple con hacer bien, lo que promete que hará), y se relaciona mejor con el cliente; ¡felicitaciones! ¡Su producto seguramente está camino a casa de un cliente feliz!

Paula Jerez Majmut

Docente Área de Administración y Negocios

Universidad Inacap

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