Se acabó…

Publicado el 10 Enero, 2017 Por Columna de Opinión

Pepe Auth ha dicho que la encuesta CEP protegió a Lagos “de una derrota más altisonante”. Y puede que el ex PPD tenga la razón en lo que señala y que los empresarios que tanto lo amaron se encargaron, por lo menos, de otorgarle un funeral digno a un obediente servidor. Sin embargo, lo relevante […]

Pepe Auth ha dicho que la encuesta CEP protegió a Lagos “de una derrota más altisonante”. Y puede que el ex PPD tenga la razón en lo que señala y que los empresarios que tanto lo amaron se encargaron, por lo menos, de otorgarle un funeral digno a un obediente servidor. Sin embargo, lo relevante de la jornada es que, con sus malos resultados, no solo se hundió su candidatura sino también, la generación que hizo la transición y que a muchos de nosotros nos tenía hasta la coronilla.

Comenzaron allá por los 60’ radicalizándose, pero no en cualquier sentido sino en el mismo en que oscilaba la construcción del poder: a la izquierda. Ese fue el verdadero motivo por el cual algunos de ellos al final de su gobierno abandonaron a Frei y luego, con Allende, se subieron tempranamente a coches y dietas fiscales para no volver a bajarse nunca más y aún en la derrota algunos siguieron gozando de un exilio dorado en Italia, la RDA, México o la URSS donde incluso, sin ningún problema moral, apoyaron la invasión rusa a Afganistán y fueron fervientes hinchas del PCUS soviético.

En dictadura varios de ellos promovieron la lucha armada (aunque nunca se pusieron como cabezas de turco), se inventaron historias de resistencia y embaucaron a una generación con ese cuento, al punto de ser responsables del Mapu Lautaro y de la dolorosa derrota de una generación política.

Pero ellos siempre han sido resilientes y en democracia asumieron puestos relevantes en el Estado y no pocos sufrieron un proceso transformista que los llevó a adorar lo que habían quemado y quemar lo que antes adoraron. Sin pudor alguno aceptaron vivir en concubinato con la derecha y accedieron a sus medios y prebendas a cambio de legitimar un orden parido en la violencia.

Uno de ellos llegó a confesar sinceramente que lo que lo motivaba en la vida era hacer dinero, y se pusieron entonces como locos, a formar empresas de lobby, a sacar provecho personal del presupuesto público y a formar generaciones en esa lógica – la más conocida fue la G-90 – hasta que, dos de sus hijos predilectos – Peñailillo y Dávalos – terminaron por hundir, nuestra democracia.

Desde 2011 venían a la baja y con el regreso de Bachelet algunos de sus miembros pasaron al equipo de reserva o cayeron, como Escalona y otros, estrepitosamente a la tercera división. Se dedicaron, entonces, a hacerle la vida imposible a su ex compañera de viaje, a cuestionar sus tenues reformas hasta que Caval y SQM les dio la oportunidad de recuperar terreno con Burgos. Creyeron, entonces, volver en gloria y majestad a dirigir y ser actores protagónicos de una opereta que se manipula (y financia) desde la trastienda. Entonces, pasearon a Lagos, Insulza y a cuanto fantasma del pasado encontraron, por los patios de La Moneda e irrumpieron en la carrera presidencial seguros de que, con el control de la máquina interna (y la adhesión empresarial) bastaba para hacerla de nuevo.

Pero, como en la canción de Melendi, “con la realidad se dieron de bruces” y es que, por más, maquinaria comunicacional que les pusieron los empresarios, no lograron alterar el paso del tiempo que ya los había abandonado y allí están ahora, shockeados por el sentido común que antes siempre manipularon. Ojalá que se preparen un digno funeral y no continúen “dando jugo”. Sean dignos.

Edison Ortiz

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