A un año de la muerte de Huido Castillo: La estrella celeste que se apagó a los 16 años

Publicado el 11 enero, 2017 Por Equipo de Corresponsales

La tarde del domingo 10 de enero de 2016, el canterano de O'Higgins perdió la vida en un accidente vehicular ocurrido en la ruta H-10,

”Mi papá siempre me dice que el contención cotizado es el que hace goles”. Huido Castillo Pardo sonríe exhausto, acaba de convertir una tripleta. Es el sábado 5 de abril del 2014, a un costado del Cerro 18 en el sector oriente de Santiago, la sub-15 de O’Higgins consigue tres puntos tras golear por 6-1 a Barnechea.

Fue el primer hijo de una pareja joven, nació cuando ella tenía 16 años y él 18. Cuatro años más tarde llegó a vivir a la Villa Cruz Roja en Graneros, ahí, en una cancha de cemento jugó sus primeros partidos.

A los doce años probó suerte en el equipo celeste. Tuvo que ir muchos jueves hasta que un día Manuel Alarcón lo dejó con el compromiso de mejorar en lo físico. De ahí en más no paró, su esfuerzo le permitió mezclar su capacidad técnica con un despliegue donde no daba balón por perdido.

“Partió jugando al arco. Siempre fue el primero que elegíamos porque era el mejor”. Cuando llegó a O’Higgins sus amigos le pidieron que no se agrandara. Él no cambió, después de entrenar volvía para jugar con los de siempre.

Los fines de semana, sus padres se turnaban para salir temprano en bicicleta e ir a dejarlo a la carretera. En la misma bicicleta lo buscaban cuando jugaba por San Ramón, su club en Graneros. Ocupó siempre la 13, la misma que su padre, su único gran ídolo en el fútbol.

“Prefiero zapatillas para mis hermanas”. Un día, su papá se consiguió cien mil pesos y lo llevó a Santiago para comprar zapatos de fútbol. Huido se negó, buscó un par barato y con el resto eligió zapatillas para Blanca y Maira. Volvió feliz a Graneros.

Es el 16 de octubre del 2014 y el calor no da tregua en Requínoa. La sub-15 empata ante Unión Española y desde la galería insultan al 13 celeste. El público se pelea, Huido algo advierte, pero sigue jugando. Al otro día se entera que le gritaron por su color de piel, solo se ríe y le cuenta a su mamá.

En el camarín, el negro era la alegría del equipo. Aunque jamás se calló cuando algo no le parecía, tenía un carácter fuerte. En un entrenamiento ganó una apuesta, pero le dijeron que como él no pagaba tampoco le pagarían. Se enojó, dijo que él no jugaba por plata.

Terminó con 6,3 cuarto medio. Le gustaban las matemáticas. Se esforzaba porque sabía que sus padres se preocupaban, querían algo distinto para él. Quizás por eso en el verano se levantaba temprano y trabajaba, en lo que fuera. Aunque a veces le significara llegar corriendo a entrenamiento, equipándose camino al Monasterio Celeste.

Antes de volver a entrenar, hizo su propia pretemporada. Se esforzó por mejorar aún más físicamente, corría todos los días. Solo pidió a sus padres jugar a la pelota dos años más.

Pero la luz de Huido se apagó un día. La tarde del domingo 10 de enero de 2016, perdió la vida en un accidente vehicular ocurrido en la ruta H-10, entre Graneros y San Francisco de Mostazal. Tenía solo 16 años y la ilusión de seguir jugando fútbol.

 

 

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