El primero era de aquellos que tomaban té en palacio y se referían al dictador como “mi presidente”, tal como los subordinados se refieren a su superior con el característico “mi general”, fotografiándose orgulloso, junto a Chadwick y Lavín, con el Pinochet; el segundo por esa fecha, en el exilio, sería pronto un acérrimo opositor a la Junta. Ambos, con un pasado aparentemente disímil, se parecen demasiado.
Y hete aquí el largo listado de similitudes: los dos siendo jóvenes se inventaron un protagonismo heroico que nunca demostraron. Longueira se auto asignó el rol de líder juvenil en una época en que las universidades estaban intervenidas y los dirigentes eran “designados a dedo”. Más de algún parlamentario hoy lo ha acusado que en esa época se dedicaba a pedir la expulsión de compañeros; Escalona, en tanto, se inventó el mito de héroe de la resistencia a pesar de que se mandó a cambiar y no regresó hasta que el país estaba ya calmó.
Los dos provienen de partidos leninistas: el gremialismo y el PS Almeyda; al retornar la democracia uno y otro fueron electos casi por accidente gracias al “Binominal”. Tal vez por eso, aprendieron pronto que controlando la designación de los cargos en el partido, podían vigilar la democracia chilena. Y así lo hicieron. Fue en esa época en que el par se integra a una poderosa cofradía eclesiástica muy influyente en el país; después, los dos se transformaron en “estadistas”, negociando con el adversario: Longueira en la crisis de la DC y del MOP-GATE; Escalona, por su parte prometiendo la conservación del orden a los empresarios en el gobierno de Michelle.
La tutela de la democracia “por arriba”, los hizo los más odiados de la CEP, pese a ello, ambos han intentado porfiadamente ser presidenciables porque entienden que en el Binominal, la popularidad no importa. Cuando los vientos no le soplan a su favor chantajean a los gobiernos que dicen defender. Longueira hasta su designación como ministro era un acérrimo crítico de Piñera; Escalona, en tanto, defendió a Bachelet hasta que ésta no sucumbió a su presión por “el dedazo” e inició su crítica destemplada a la ex mandataria. Por último ambos practican la quiromancia: mientras el UDI, ve que Jaime Guzmán se le revela en sueños, Escalona se transforma en el intérprete onírico de Allende. Otra cosa es que esto sea cierto.
Pero, hoy el destino, los separó y se puede imaginar la ira de Escalona cada noche, cuando compara su situación con la de Pablo: él, comenzando su travesía por el desierto, en tanto el segundo, está a punto de ser lo que siempre quiso: presidenciable, lograr, mediante la dispersión del voto de centroizquierda en primera vuelta, imponerse a Bachelet, perder en segunda y quedar a tiro de cañón para 2017.
Para ambos próceres junio resultará decisivo. Pablo puede iniciar su operación mayor si se impone a Allamand, en tanto Camilo, ya reinició su chantaje a la presidenciable para abrirse un espacio en el próximo gobierno controlando el aparato partidario.
Edison Ortiz González





