No me refiero al recuerdo inolvidable del Rancagua sede del Mundial de 1962, ese Rancagua sin contaminación, si tacos , sin tanta delincuencia, con una vida sin apuros, en que la mayoría podía almorzar en familia, en que la gente podía salir al centro luciendo sus aros o medallas de oro. El Rancagua con las victorias como medios de locomoción, en la que no se cobraba por estacionarse en el centro, en que los créditos se daban a sola firma, en que la gente se saludaba en las calles, en que los vecinos se conocían y estaban pendientes por ayudarse en momentos difíciles. El Rancagua en que aún los alumnos y apoderados respetaban a los profesores, en que los carabineros eran amables, en que la estación de tren era de paso constante de trenes hacia el norte y sur, dejando una estela de humo y olor a carbón de piedra.
No, no me refiero a ese añorado Rancagua. Me refiero al Rancagua 2013, la del lugar 62 en Chile en calidad de vida, el Rancagua 3º ó 4º lugar en Chile en contaminación ambiental, el de la delincuencia creciente, a pesar de las encuestas falsas. El de los tacos sin solución, el de tener que andar con montones de monedas en el bolsillo para darles a los que cuidan autos, al de los que hacen malabares en las esquinas. Al Rancagua en que hay que andar eludiendo a los comerciantes ambulantes, que sirven para disfrazar el supuesto pleno empleo, el del mayor porcentaje de Chile en salones de traga monedas, propiedad de algunas autoridades. El Rancagua en que la droga y la delincuencia tiene aterrados a algunos barrios de de la ciudad. El Rancagua que dista mucho de la ciudad disfrazada por la propaganda municipal, como amable y en las que dan ganas de vivir. A ese Rancagua me refiero.
Cambiar semáforos, arreglar algunas plazas, difundir con la plata de todos los rancagüinos publicidad engañosa de lo que no se es, más shows gratuitos en la Medialuna y fuegos artificiales para atraer a ciudadanos incautos, no bastan para hacer de Rancagua una ciudad de buena calidad de vida. Hay que invertir en mejor educación y salud municipal, buscar soluciones permanentes a la delincuencia y el narcotráfico. Disminuir la contaminación y los tacos con políticas efectivas y no de parche, atraer industrias que den trabajo estable, es lo que los rancagüinos queremos y no tanta pirotecnia y demagogia. Este Rancagua 62 no nos puede llenar de orgullo.
José Alvarez Lara





