Los seres humanos y todo lo que vive sobre la faz del planeta somos parte a la vez del más amplio cosmos que no terminamos de conocer en su proceso vital y en sus leyes.
Todo lo que vive,también las plantas, experimentan los cambios estacionales que en nuestro hemisferio nos hacen hoy vivir el otoño que cursa.
Otoño no siempre significa declinación de la vitalidad. Entonces…todavía el tiempo es templado. Es el tiempo en que nace la segunda hierba en los prados. Si al sustantivo se antepone el prefijo re-toño, debe entenderse por esa nueva palabra el vástago o tallo joven de una planta.
En todo tiempo, en toda estación las aves son sabias. Nos sucede que no observamos con atención lo que hacen y como viven. Tal vez si copiáramos mucho de ellas nuestra vida sería mejor. El sentido de la vida de los seres que vuelan por sus propios medios es majestuoso, entiéndase y mírese el traslado de las aves que migran de un continente a otro casi sin descansar siguiendo climas y espacios benignos para su existencia. Y qué decir de la sabiduría de nuestras abejas y su sentido de organización.
Qué sentido de la vida tienen las aves ! Miraba ayer los colibríes zumbando el aire, sostenidos en su aleteo polícromo. Nada existe más pequeño que ellos libando en la flor de la salvia. Mínimos, casi del tamaño de la flor violácea que los embruja con su dulcedumbre.
El colibrí es un pececito del aire o, por su origen un afrancesado culebrín alado, vibrante y fugaz que llega en las mañanas y en las tardes a la salvia de mi jardín (salvia, del latín, planta que sana,que salva ) que recién pinta sus flores.
El otoño nuestro es tiempo de colibríes,han aparecido por arte mágico. Mientras cae la lluvia o el frío de la temporada se hace más agresivo se guardan,descansan y duermen bajo las oleaginosas hojas de los paltos y eucaliptos.
Más arriba, presa de la admiración,el gorrión,pardo colibrí del pueblo pajarero pica los últimos frutos de la higuera.
Carlos Poblete Avila
Profesor de Estado





