Ciertamente todo es posible, pero esperar que cualquier persona sin la formación y/o perfeccionamiento pertinente administre una empresa, creo que es algo que debe ser analizado técnicamente, especialmente si está juego el futuro de la organización y de sus trabajadores. Ahora bien, no nos adelantemos, porque con los actuales avances en temas organizacionales y de capital humano con los que contamos en las empresas, sería factible instalar como administrador a cualquier personaje, siempre que sea simpático y posea la habilidad para estampar algo parecido a una firma.
Normalmente creemos que todos podemos hacer de todo y por el solo hecho de ocupar algún cargo o desempeñar cierta función, nos sentimos lo suficientemente idóneos y a veces algunos hasta se creen el cuento más allá de sus competencias o de su experiencia.
Desde una perspectiva simple, cualquiera podría administrar una empresa, pero en realidad, si no se cuenta con la debida formación y/o perfeccionamiento o algunas veces una vasta experiencia, a lo más que podríamos aspirar sería a soportar dicho cargo por un tiempo, pero con inevitables perjuicios organizacionales, especialmente de largo plazo.
Es en el largo plazo, en la propuesta de valor, en la visión estratégica, en el desarrollo organizacional y en la eficiencia operativa donde se ven normalmente las más grandes falencias administrativas de los administradores por accidente.
No es casualidad que actualmente los técnicos en administración tarden dos años en su formación, los ingenieros en administración cuatro y los ingenieros comerciales cinco. La preparación de un administrador de empresas pasa por una formación en competencias técnicas, habilidades blandas y valores, todos complementarios y necesarios, para poder enfrentar los desafíos de organizaciones cada vez más complejas, en un entorno sumamente dinámico, competitivo y muchas veces impredecible.
Existen personas con habilidades innatas, emprendedores, innovadores y creativos que nacen para crear, organizar, dirigir y liderar iniciativas de todo tipo, pero de éstos existen muy pocos. Si queremos realmente administrar una organización o empresa, con una visión organizacional técnica, tenemos dos opciones, formarnos o perfeccionarnos en dicho sentido o hacernos asesorar por personas con las competencias necesarias.
Ciertamente podemos instalar a cualquier persona en un cargo de administración, pero finalmente veremos cómo más temprano que tarde la organización podría ir perdiendo valor y principalmente verse afectadas las personas.
En los actuales tiempos, para administrar y no simplemente ocupar un cargo de administrador, es necesario tener una formación y/o perfeccionamiento pertinentes, algo que no debemos tomar a la ligera, porque lo que pareciera ser a primera vista muy fácil, realmente no lo es y a la larga, podría marcar una diferencia radical entre una u otra organización.
Por otro lado, creo pertinente también recordar el Principio de Peter, que indica que las personas que realizan bien su trabajo son promocionadas a puestos de mayor responsabilidad, hasta que alcanzan su nivel de incompetencia. Por lo anterior, si ya estamos administrando una organización o posiblemente pudiésemos hacerlo a futuro, aún estamos a tiempo de formarnos o perfeccionarnos, de lo contrario, tarde o temprano el Principio de Peter se aplicará en nosotros.
Tony Gunckel
Vicerrector Universidad Tecnológica de Chile INACAP
Sede Rancagua
Seguir tendencias en:
www.tgunckel.com
Twitter: tgunckel






