Es impresentable que alguien se oponga a mejorar el sistema tributario que nos rige, injusto, inequitativo, complejo, carente de una técnica y de principios modernos y eficientes.
El arcaico sistema tributario actual es una madeja de parches y modificaciones, surgidas improvisadamente, merced a iniciativas que han nacido de impulsos no suficientemente decantados, o de medidas populistas, ajenas enteramente a la técnica, o frente a la necesidad de mayores recursos, cuya inversión pública merece serias dudas acerca de su eficiencia.
Cuesta entender que el mayor aporte tributario sea el impuesto al consumo, conocido como IVA, que es el que ingresa mayor dinero al Estado. No es entendible que por satisfacer las necesidades vitales de todo ser humano, debamos pagarle un tributo al Fisco, encareciendo los alimentos, bienes y servicios indispensables. Que echarse un pan a la boca, o darle leche a los hijos, obligue a pagar impuesto. Ni hablar de la bencina.
Pero, además, es un gravamen muy injusto, que perjudica seriamente a quienes ganan menos. Es obvio que el IVA castiga más a quienes consumen todos sus ingresos, que quienes pueden ahorrar por ganar más dinero. El que gana doscientos mil pesos, paga mensualmente treinta y ocho mil pesos en IVA, le quedan ciento sesenta y dos mil pesos; el que gana un millón, si consume todo, paga ciento noventa mil pesos en IVA, le quedan ochocientos diez mil pesos. Saque las cuentas y sienta vergüenza.
Cuesta entender que quien pide un crédito para comprar su vivienda, deba pagar un impuesto al mutuo, que se traduce en sumas no menores, con lo que se castiga a quienes no tienen otra manera de adquirir el techo propio.
¿Cuántas veces se han aprobado impuestos transitorios, todos los cuales terminaron como definitivos, rompiendo el Estado su palabra empeñada? Ello afecta la fe pública. ¡Después nos quejamos de las encuestas, que tienen desnudos a muchos encuestados!
Cabrían muchos otros ejemplos, pero lo que creemos firmemente es que, si se pretende reformar el sistema tributario, lo que es una necesidad manifiesta, se haga sobre la base de grandes principios, coherentes con el anhelo de crecimiento económico y social del país, junto a una mejor distribución del ingreso y de una sociedad más humana y más justa.
Requerimos un sistema tributario que descanse en un principio elemental: que paguen más los que ganan más. El atesoramiento de enormes fortunas, con miles de millones de dólares, revela que el sistema tributario vigente es benévolo con los potentados.
En resumen, yo tampoco quiero una reformita, como dijo Osvaldo Andrade, sino una auténtica Reforma, así con mayúsculas.
¡A hincarle el diente, entonces!
Mario Barrientos Ossa.
Abogado.
Magister en Derecho U. de Chile






