El jueves 5 de abril se celebró en Chile el día del terapeuta ocupacional. Hace 48 años esta profesión nació oficialmente en nuestro país para dar respuesta a dos problemas de salud pública: La epidemia de poliomielitis de los años 50 y las precariedades de la atención a los enfermos psiquiátricos del antiguo manicomio o casa de orates, ubicado en Avenida La Paz (Santiago).
El objetivo era que aquellos niños y adultos con secuelas físicas y aquellas personas con problemas mentales contaran con un servicio que mejorara sus funciones para poder integrarse a la sociedad, servicio que no había en Chile y que conocieron en Francia, Inglaterra y Estados Unidos algunos médicos nacionales quienes fueron los pioneros y fundadores de la terapia ocupacional en nuestro país.
Los terapeutas ocupacionales trabajan con la persona para mejorar sus capacidades funcionales pero también trabaja con el entorno para favorecer la creación de condiciones necesarias para la integración y participación social. Y es ahí –en el trabajo con el entorno– donde el terapeuta ocupacional siembra la reflexión sobre valores fundamentales para la convivencia: la tolerancia, la justicia, el valor de la autonomía; y entrega herramientas concretas para que estas oportunidades se den y las condiciones se generen.
Porque no basta con lograr mejores rangos de amplitud articular y de fuerza muscular, no basta con entrenar en hábitos laborales si estas habilidades no están en el marco de un proyecto de vida que tenga significado y sentido para la persona, y tampoco basta que se configure un proyecto de vida, si éste no se incluye en las expectativas del entorno, en la cultura y en la estructura social.
Claudia Muñoz
Directora de Terapia Ocupacional
Universidad San Sebastián





