
Chile tiene “más de 50 años de atraso en el desarrollo de grandes obras hidráulicas”, señaló Felipe Martin.
La compleja situación hídrica que vive el país producto de la sequía, que ha llevado al gobierno a declarar emergencia agrícola en cerca de 100 comunas, de las cuales 22 corresponden a la Región del Libertador, propició que una delegación de autoridades y expertos en la materia realizará una gira por Australia con el objetivo de conocer cómo este país superó un problema similar, que los afectó por más de una década.
La visita permitió conocer la realidad australiana, ante lo cual el secretario ejecutivo de la Comisión Nacional de Riesgo, Felipe Martin, manifestó que “es impresionante ver como nuestro país tiene un atraso en 50 años en cuanto a obras hidráulicas”.
Al respecto, la profesional de la seremía de Agricultura, Lisette Bosshard, admitió que Chile se “ha invertido poco en infraestructura de acumulación de agua, en mejoramiento de los sistemas de regadío, en términos de conducción y captación».
Agregó que “una de las misiones que tomó este gobierno, es hacer muchos estudios de prefactibilidad para determinar dónde invertir en embalses y obras de acumulación. En esta Región hay tres estudios que se van a hacer, dos que ya están aprobados por el Core”.
Según explicaron en la Seremía de Agricultura, estos proyectos tendrán un doble propósito, que es riego y generación eléctrica, y se llevarán a cabo en el estero Codegua, en el río Claro de Rengo, y en el embalse Las Cayanas en Cachapoal.
Desde Australia, el secretario ejecutivo de la CNR ha insistido en que “Chile necesita un plan hídrico de largo plazo, que permita el desarrollo sostenido del país. Hoy tenemos agua, lo que no existe es infraestructura suficiente para contenerla y poder usarla cuando se requiere. Lo que ocurre actualmente, y lo estamos viendo en el norte y sur del país, es que en poco tiempo cae mucha agua, la cual corre directamente al mar sin ser utilizada y arrasando con todo a su paso”.
Es que las cifras revelan que en el país sólo se utiliza un 16% del agua que escurre por las cuencas, mientras que sólo se regula un 4% a través de embalses para irrigación. De esta forma, el 84% del recurso disponible para riego se vierte en el mar sin ser utilizado. “Esto producto de más de 50 años de atraso en el desarrollo de grandes obras hidráulicas”, reiteró Felipe Martin.






