Hijos el día que estemos viejos y ya no seamos los mismos, tengan paciencia y compréndanos. Cuando derramemos comida sobre la mesa y se nos resbale el vaso con agua, recuerden las horas que pasamos repitiendo las mismas cosas una y otra vez para que las puedan aprender.
Si cuando conversen con nosotros, repitamos y repitamos las mismas historias que saben de sobra como terminan, no nos interrumpan y escúchennos. Cuando eran pequeños para que se durmieran tuvimos que contarles miles de veces el mismo cuento hasta que cerraban sus ojitos.
Si al levantarnos nuestro humor no es el mejor, no se pregunten que hicieron mal o que nos molesto, si ni nosotros no nos entenderemos. Ya nuestro cerebro no funcionará a la perfección.
Cuando estemos reunidos y sin querer les incomodemos con nuestras necesidades biológicas, no se avergüencen y compréndannos que no tenemos la culpa de ello, pues ya no podremos controlarlas. Piensen cuantas veces cuando niños les ayudamos y estuvimos pacientes a su lado esperando a que terminaran lo que estaban haciendo.
No nos reprochen por evitar bañarnos; no nos regañen por ello.
Recuerden los momentos en que les perseguimos y los mil pretextos que inventábamos para hacerles más agradable su aseo. Acéptennos y perdonen ya que el niño, esta vez será: tu madre o yo, tu padre.
Cuando nos veas inútil e ignorante frente a todas las cosas tecnológicas que ya no podremos entender, les suplicamos que nos des todo el tiempo que sea necesario para no lastimarnos con sus sonrisas burlonas. Acuérdense que nosotros fuimos quien le enseñamos tantas cosas. Comer, vestirse y los valores para enfrentar la vida tan bien como lo hacen, son producto de nuestro esfuerzo y perseverancia por ustedes.
Cuando en algún momento mientras hablamos nos olvidemos de que estamos hablando, dennos todo el tiempo que sea necesario hasta que recordemos, y si no podemos hacerlo no se burles de nosotros; tal vez no era importante lo que estábamos diciendo y nos conformemos tan solo con que nos escuchen en ese momento.
Si alguna vez ya no queremos comer, no nos insistan. Sabemos cuánto podemos y cuanto no debemos. También comprendan que con el tiempo ya no tenemos dientes para morder ni gusto para sentir. Cuando nos fallen las piernas por estar cansados para andar, dennos su mano tierna para apoyarnos como lo hicimos cuando comenzaron a caminar con sus débiles piernas.
Siempre hicimos lo mejor para ustedes y hemos preparado los caminos que han debido recorrer.
No se sientan tristes o impotentes por vernos como nos ven. De la misma manera como les hemos acompañado en su sendero, les rogamos nos acompañen a terminar el nuestro…
Lorenzo Becerra Espinoza
bastadeviolencia2012@gmail.com
Educador Social Cesante
Temuco-Chile





