
Cristian Pérez Lagos, Director Sede Rancagua, Instituto Profesional y Centro de Formación Técnica de la Universidad De Los Lagos.
Si usted está convencido de que es únicamente una forma, no necesita tener conciencia de su propia grandeza y los riesgos que llevan el cambiar. Pensemos un poco en esto: Todas las trabas a su éxito y el experimentar de mejor manera la felicidad pueden explicarse en términos de limitaciones de su existencia física. Usted puede decidir que los otros simplemente tuvieron suerte o que nacieron con una estrella, o simplemente se les brindó la oportunidad. Cambiar requiere abrirse ante la posibilidad de modificar nuestros paradigmas, es decir, la forma como vemos la realidad. Muchos de nosotros rechazamos ideas nuevas en bien de aquellas a las que estamos cómodamente acostumbrados.
Tratamos de justificar la vida con teorías físicas, sin embargo la ciencia no es capaz de contestar en forma categórica preguntas: ¿Cómo se originó la vida?; ¿Adónde vamos cuando se muere?; a pesar de ello, puede que usted prefiera quedarse con aquello que sus ojos ven, es decir, con la forma. Creer en algo sin forma tal vez resulta extraño e incluso irreal. Sin embargo, usted intuye que es mucho más que el cuerpo que habita.
El cambiar se basa en el amor, el trato respetuoso hacia los demás, y en el tomar conciencia que estamos conectados en un mundo que se hace cada vez más pequeño, la consecución de la armonía en este planeta como una única familia. ¿Cuesta pensar así, no?
Tome en cuenta estas sugerencias: Practique el pensamiento sobre usted mismo y los demás. Utilice algún momento en el día para evaluarse no en términos de su actuar, sino en términos de cómo son sus pensamientos y sus sentimientos.
Observe a otras personas. Dese cuenta cómo destruyen su potencial de éxito identificándolo sólo con lo material. Piense que detrás de cada uno existe un ser pensante que merece respeto. Comprenderá que la mayoría de sus diferencias son triviales, que el verdadero ser humano que subyace a esa forma significa mucho más de lo que sus ojos ven.
Intente dejar de etiquetarse como si éste fuera un medio para identificarse. Soren Kierkegaard dijo: “En el momento que me colocan una etiqueta me están anulando”. Casi todas las etiquetas se refieren de alguna manera a la forma y a lo que hacemos con nuestro cuerpo físico. Cuando usted deja de identificarse exclusivamente con la forma, entonces su profesión, edad, raza, sexo, nacionalidad, situación económica, rendimiento físico, logros, premios, obstáculos y otras muchas cosas pasan a segundo plano. Desconectarse de las etiquetas le ayudará a definirse en términos más espirituales y profundos. En caso de que tenga que aceptar una etiqueta, le propongo la siguiente: “Estoy conectado a la inteligencia perfecta que sostiene toda forma, y en consecuencia soy parte integral de ella. No tengo limitaciones ni compartimientos. No necesito conseguirlo todo, pues ya soy ese todo como hijo de Dios”.
Dígame si no vale la pena sentirse liberado, suerte.
Cristian Pérez Lagos
Director Sede Rancagua
Instituto Profesional y
Centro de Formación Técnica
de la Universidad De Los Lagos





