En estos días en que tanto se habla de la educación y se critica a la municipal, yo quiero alzar mi voz en su defensa.
Me parece irreal y profundamente injusto pretender exigir a la educación municipal resultados similares a la de sus pares, si se le mantiene en una falencia que impide mayores logros.
Es más que sabido, y silenciado de manera cómplice, que la subvención que reciben las municipalidades, en su calidad de sostenedores, es muy inferior a la que perciben otros establecimientos, y ni pensar en comparar tales ingresos con los colegios privados pagados.
La realidad demuestra que se entregó a las municipalidades la pesada carga de atender la educación, desfinanciada, con una infraestructura material mala, con un personal docente envejecido y desgastado, carente de la autoridad y prestigio que antaño gozó, agravada con un Estatuto Docente que es un muro de defensa de los mediocres, de suerte que cada corporación edilicia debe distraer ingentes recursos, que normalmente debieran ir al desarrollo local, para intentar solventar, infecundamente, un déficit constante e insanable de la educación municipal.
Se pretende que los municipios, que reciben dinero insuficiente y solo pueden distribuir pobreza, realicen el milagro de dar luz a una educación de excepción. Eso no se da en la vida real, y no es serio pretenderlo, ni menos exigirlo.
La ley Nº20.501, es un esfuerzo consistente en dotar de mayores atribuciones a los directores de colegios municipales, unido al enésimo intento de sacar a los profesores mayores y reemplazarlos por docentes idóneos, renovados, con nuevas técnicas pedagógicas, lo que es el camino correcto, pero largo. Los frutos son para muchos años más, pero es un avance.
Sin embargo, falta lo esencial: Mejores subvenciones, más dinero fresco, que haga posible atraer a mejor personal mediante remuneraciones mejoradas.
Si realmente se desea mejorar la educación municipal, comencemos por el comienzo y con cosas reales: Se requiere YA más dinero, más recursos, que la educación no sea un lastre, sino un servicio de privilegio, eficiente, moderno, bien remunerado.
Lo demás, como decía mi maestro Lorenzo de la Maza, “es pura música, hijo, pura música…”.
Mario Barrientos Ossa.
Abogado.
Magister en Derecho U. de Chile






