Las desafortunadas declaraciones del Senador Navarro sobre la muerte por hambre –tras 50 días de ayuno– de un disidente en Cuba, así como las emitidas en su momento por la dirigenta comunista Camila Vallejo validando el uso de la vía armada en política, han dejado nuevamente al descubierto aún existen en nuestra patria nostálgicos del paradigma marxista-leninista, el cual consideraba las “dictaduras del proletariado” como ideal de sistema de gobierno.
Porque, seamos claros, el marxismo-leninismo validaba la vía armada para alcanzar el poder como una más de las tantas –incluida la democracia– “formas de lucha” que perseguían como objetivo final instalar gobiernos dictatoriales, sin hacer distingos sobre si el gobierno que se combatiría a través de esa vía tenía un origen democrático o dictatorial.
En concreto, en el caso chileno la vía armada no fue una “opción” tomada por el marxismo-leninismo para combatir la Dictadura o Régimen Militar, sino una que ya estaba plenamente vigente desde la fundación misma del PC chileno, y que en el gobierno de Frei Montalva, a través del surgimiento en Chile y en toda Latinoamérica de grupos “guerrilleros” organizados, coordinados, financiados y entrenados por la dictadura castrista cubana, se hizo efectiva.
Pero a las declaraciones de la dirigenta del “movimiento estudiantil” Camila Vallejo, le faltó decir el marxismo-leninismo no sólo valida la vía armada para alcanzar el poder, sino también para mantenerlo. Recordemos en 1964 el “Che” Guevara interpelado en las Naciones Unidas sobre fusilamientos en Cuba, como lo mencionaba Joaquín García-Huidobro en El Mercurio, declaraba con altivez y casi con orgullo: “Nosotros tenemos que decir aquí lo que es una verdad conocida, que la hemos expresado siempre ante el mundo: Fusilamientos, sí, hemos fusilado; fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario”.
Es por ello que no puede extrañar entonces las penas de cárcel, apremios físicos, morales y de todo tipo, incluida la represión y encarcelamiento de disidentes, sea considerada “legítima” por los partidarios de las dictaduras del proletariado, como el senador Navarro, considerándose la muerte por hambre de un disidente encarcelado, es un tema “interno” del gobierno castrista.
En resumen, según los dichos de Vallejo y Navarro, la vía armada es legítima para instalar “dictaduras del proletariado” y la represión para que se mantengan, y quienes, obviamente si son marxista-leninistas, acceden o se mantienen en el poder por estos métodos, son una especie de héroes.
En definitiva una posición que está demasiado cerca de validar el crimen y la persecución política, y que podría justificar que otras ideologías políticas y/o religiosas recurran a los mismos métodos para alcanzar el poder y mantenerse en éste.
Roberto Alfredo Olivares Pizarro





