La Ecuación de Javalquinto

Publicado el 24 noviembre, 2011 Por Bernardo Javalquinto

Ha sido una formidable odisea de ocho meses, en la que secundado por un maravilloso equipo, y llevando como norte en el corazón y en el cerebro el ejemplo de Yunus y muchos más, hemos proyectado y materializado una gran usina del conocimiento científico y tecnológico, que ha de ser el  permanente faro que  forjará […]

Ha sido una formidable odisea de ocho meses, en la que secundado por un maravilloso equipo, y llevando como norte en el corazón y en el cerebro el ejemplo de Yunus y muchos más, hemos proyectado y materializado una gran usina del conocimiento científico y tecnológico, que ha de ser el  permanente faro que  forjará un nuevo y grandioso destino, primero para los jóvenes de la Región del Libertador, de Chile y Latinoamérica después y, por qué no decirlo, de muchas  otras partes del mundo.

Todo este ingente hacer, obviamente palpable y visible para los terceros, sólo abarca la mitad de la ecuación que he tenido en cuenta en la gestación de este noble y humanitario proyecto sin fines de lucro.

En mi concepto, todo impulso que tenga por objeto enaltecer al género humano, puede  representase  por una ecuación que conlleva dos cuerpos o campos bien definidos: el primero, integrado por el hombre y la mujer, y el otro por el material científico y tecnológico, que aquellos deben aprender a esgrimir para el bien propio y de la humanidad toda.

Si, por acaso, la más avanzada de las técnicas y el más acabado de los conocimientos son entregados a seres no debidamente conformados, esa ciencia y esa tecnología no serán asimiladas o, lo que es peor, serán empleadas con fines empequeñecidos o se trastrocarán y desordenarán para servir de medios altamente destructivos.

Recientes investigaciones de diversos Centros Universitarios, concluyen que, en la feria de las habilidades humanas, basta subir la cuota de horas de trabajo y aplicación para trascender de los niveles del mediocre ejecutante de violín, y arribar al grado de genial intérprete. Todo es cuestión de práctica y práctica. Claro que es así, siempre que se trate de meros repetidores de pautas musicales ideadas, creadas y llevadas a cabo por otros.

Siguiendo con ese ejemplo, nosotros queremos formar no sólo correctos intérpretes, sino también notables creadores. Aunque todos respetables, es muy grande la distancia que media entre un Claudio Arrau, excelente intérprete y un Vivaldi o un Mozart que además de intérpretes fueron por sobre todo  creadores de piezas musicales imperecedera belleza.

He puesto igual celo en la estructuración del primer cuerpo de la ecuación, es decir en la perfección intrínseca de nuestros educandos, a fin de que tengan acceso a la instrucción tradicional, que les permita liberarse de lo que en ellos está demás, por ser obscuro u obsoleto, y queden  a la vista todos aquellos tesoros que inaprovechados duermen en su interior. Es la tarea propia de un Buonarroti, que desechando con el cincel lo que sobra, en el bloque del mármol de carrara, da a luz al Magnífico Moisés o  al David que también, ignorados, dormían en la piedra. En suma, queremos alumnos que sepan pensar , que tengan conciencia de sí mismos y se transformen en reales y eficientes creadores.

Bernardo Javalquinto, Economista

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