Gabriel Espinoza trabaja hace 45 años elaborando chupallas de paja.
En la calle del Huaso aún se pueden encontrar distintas tiendas que mantiene la tradición. Ellos venden todo tipo de atuendos y aperos.
Gabriel Espinoza es artesano, y hace 45 años aprendió el oficio de fabricar chupallas. “Empecé trabajando en un local de aquí cerca, luego me independicé”.
“Una chupalla debe tener finura, estar bien cosida, engomada y bien planchada. La vida de la chupalla dependerá del cuidado de su dueño”, acotó.
Espinoza es dueño de la chupallería El Arriero, cuenta que desde los 14 años que se dedica a este oficio. Destaca que los sombreros tienen su historia “en una principio eran prendas de mujer en forma de campana con una guinda sobre ella, luego la elaboración fue derivando en lo que es hoy la chupalla de Huaso”.
Los valores son diversos y van desde los 12 mil a los 80 mil pesos, dependiendo de la calidad de la paja. “Existen chupallas de paja de trigo, de arroz, de palma y de pita. La paja que usa el chileno es la de trigo”, dijo Espinoza.
Gabriel Espinoza destacó que lo importante es que las Fiestas Patrias se inicien en el la calle del Huaso, ya que “es una manera de realzar la chilenidad que se vive en este sector”.
Por su parte, el alcalde de Rancagua Eduardo Soto, destacó que “se ha hecho costumbre que las celebraciones de este mes se realicen en este lugar en donde se realiza una actividad tan importante comercialmente como es vender toda la vestimenta de Huaso”.
Asimismo, sostuvo que “es una suerte ser protagonistas del Bicentenario y además tiene un sentimiento muy especial porque hemos tenido dificultades como país y eso nos permitirá tener una celebración con más unidad”, dijo el edil.