Amplios, acogedores y cómodos son los espacios dispuestos para sus clientes en Doña Emilia.
Así lo precisó su fundador y propietario –en sociedad con su esposa–, Rafael Alea Morante, empresario gastronómico local con estudios en hotelería en España.
En ese sentido, Alea recordó que la idea de instalar el restaurante –que lleva el nombre de Doña Emilia en recuerdo y homenaje a su madre–, y que nació como un reconocimiento a su bisabuela y su abuela, quienes, a su vez, mantuvieron la tradición de la cocina, “estuvo desde siempre, porque la gastronomía es para nosotros un asunto familiar”.
Estar al frente del establecimiento, para Rafael Alea es más que una oportunidad de negocios, “porque es lo que sé hacer, lo que aprendí desde niño, con los aromas de las sartenes y las cacerolas de la cocina de mi madre y de mi abuela”, precisa.
Recuerda que cuando se planteó la posibilidad de instalar Doña Emilia, pensó en forma egoísta, sin considerar el nicho o tarjet de público al que se orientaría, “no porque no considere válidas estas variables, sino porque me cuesta pensar en esa forma”, dijo.
En ese sentido, asegura que se respondió dos preguntas: ¿a dónde me gusta ir a comer; y qué no me gusta del lugar donde voy a comer?. Con ambas interrogantes, afirma el empresario gastronómico, “entendí que siempre disfruté de comer en casa y además, comer platos tradicionales, comida que tiene que ver con mi historia”.
Una tercera pregunta fue qué hay en mi casa que la haga sentirse un hogar; y la respuesta fue clara e inmediata: “una chimenea, retratos, madera, aromas y, por supuesto, un piano, porque para mí, una casa sin música es una casa sin alma y siempre le falta algo”, señala y de allí que el local de Doña Emilia tenga ambientes acogedores y cómodos. Además, al piano siempre hay un artista dedicado a ofrecer sus melodías a los clientes.
Además, resalta Alea, tan importante como el ambiente, es que “el dueño de casa me reciba en la puerta y me haga sentir como en casa. Nunca me sentí cómodo en lugares impersonales, sin identidad o creados a partir de un concepto”, destaca.
Señala que si bien la percepción es que Doña Emilia ha cumplido con sus objetivos desde que abrió sus puertas, su fundador indica que “siempre hay nuevos desafíos y objetivos. Doña Emilia es mi casa y me gustar estar aquí, lo que de por sí es un objetivo logrado”.
Sin embargo, Alea Morante aclara que “la gastronomía es una amante caprichosa y exigente. Hay que estar ahí todos los días. Si algo sale mal no importa la reputación que precede al asunto y el cliente vive una mala experiencia y no vuelve”.
Por esa razón, asegura el empresario, “cada día debe atenderse en forma minuciosa cada detalle y mantener un estándar de calidad es un objetivo fundamental en este negocio”, sentencia.
Siempre manteniendo la tradición familiar y el apego al hogar, la carta de Doña Emilia refleja, luego de varias tentativas e innovaciones, precisamente la identidad, “con una cocina inspirada en el Viejo Continente y los inmejorables productos de la tierra que nos acoge. Volvimos a nuestras raíces, a lo que somos, sin desconocer nuestra historia”, recalca Alea.
Estos elementos validan la propuesta de Alea, el éxito de Doña Emilia y la preferencia de sus clientes, porque “muchos nos acompañan desde los inicios, incluso algunos desde nuestra prehistoria, ya sea atraídos por la oferta gastronómica, los precios, con la idea de celebrar alguna ocasión especial o simplemente para disfrutar de un lugar acogedor al lado de la chimenea un día de lluvia”.
Doña Emilia, ubicado en Diego de Almagro N° 440, atiende de lunes a viernes al mediodía y en la noche y los sábado solamente en la noche. Los domingos, sólo abre sus puertas para la celebración del Día de la Madre.

